10._FESTIVAL_DE_LA_CALABIUZA_MITOLOG_A,_LEYENDA_Y_AYOTE_EN_MIEL

Festival de la calabiuza: mitología, leyenda y ayote en miel1

Por Alexia Ávalos Rivera2

Trajes de calaveras, carretas chillonas, un justo juez de la noche ciguanabas y cipitíos3 salen de sus escondites para desfilar por las calles principales de Tonacatepeque y compartir así, por una noche, pedigüeña, música, fiesta y ayote4 en miel.

El Festival de la Calabiuza es una tradición salvadoreña que se desarrolla el primero de noviembre para recibir el día de los santos difuntos. Esta es una festividad que se lleva a cabo en el pueblo de Tonacatepeque, uno de los municipios del departamento de San Salvador. Esta festividad es una mezcla de tradiciones religiosas e indígenas porque engloba la celebración de los santos difuntos programado por la Iglesia católica, pero también incluye elementos paganos como las leyendas indígenas sobre personajes mitológicos.

Este festival –bajo la idea de Roberto Da Mata5 – representa la dramatización en su máxima expresión, condensando un elemento de la realidad y representándolo en un desfile, carnaval o procesión. Esta fiesta es la pura idea del carnaval, donde se ven elementos de celebración, baile, música y personificación. Hay una burla, una sátira a través de diversas representaciones de la muerte.

La calabiuza es un morro6 seco con perforaciones en ojos, nariz y boca, al que se introduce una vela encendida y se coloca en las calle, para mostrarles a los santos el camino por donde deben pasar para llegar a su casa.

No se sabe exactamente desde cuándo se celebra esta tradición, pero la idea surgió en el mismo pueblo donde los adultos promovían que los niños hicieran una pedigüeña de ayote, güisquil y cuchamperes7 salcochados; recorrían todo el pueblo con pitos y tambores, tocaban a la puerta de las casas y los hacían pasar para entregarles su recompensa después de cantar: “Ángeles somos, del cielo venimos. Pidiendo ayote para nuestro camino, mino, mino, mino”.8

Durante la guerra civil,9 la tradición continuaba, pero la cantidad de participantes disminuyó y cada vez eran menos las casas en las que se preparaba el ayote en miel. Sin embargo, después de 1987, grupos de abuelos salían a las calles con pitos y tambores para anunciar la noche previa a Todos Santos. En 1992, después de los acuerdos de paz, los jóvenes de la localidad decidieron darle un nuevo rumbo al Festival de la Calabiuza. En secreto, se reunieron en sus casas para planificar la festividad y comenzaron a confeccionar los trajes que usarían la noche del 1 de noviembre de 1992. Dice la historia de Tonacatepeque que: “al caer la noche, la tranquilidad de la ciudad se vio invadida por personajes mitológicos que se paseaban por las calles: caminaba el cipitío con su gran sombrero, sus guineos y comiendo ceniza; el padre sin cabeza lideraba la caravana; una ciguanaba gigante caminaba con su (sic): cabellos sueltos, sus chiches al aire y seduciendo a todo hombre que se le acercara”;10 la esquina del barrio de San Nicolás se vio envuelta por la música, los tambores y los pitos que, durante horas, sonaron y sonaron, atrayendo a todos los pobladores para disfrutar y esperar la festividad de Todos Santos.11

La representación de cada uno de esos personajes mitológicos se vuelve una especie de performance colectivo, como explica Taylor,12 una práctica que se mueve, se combina con muchas formas de ser y conocer, es una circulación constante donde cada uno de los jóvenes decide darle vida a su personaje, desde la leyenda ya conocida, pero también desde su propia creatividad y su deseo de construcción. Pero también puede verse desde el concepto de Schechner sobre la conducta restaurada, donde cada uno de los participantes es un “yo comportándose como si fuera alguien más […] pero ese alguien más también podría ser yo”.13 ¿Qué motiva a cada uno a representar un personaje, qué motiva a ser un cipitío y no un justo juez de la noche; o qué motiva a ser una ciguanaba y no un cadejo?.

El número de niños y jóvenes que participan en esta celebración ha ido en aumento; desde 1992 ya no sólo se baila en la esquina del Barrio de San Nicolás: es todo el pueblo y son todas las calles los que se llenan de la alegría de este festival. Festival lleno de cuentos y leyendas como la que cuenta que…

Hace años vivió un hombre sin fe a quien todos llamaban Pedro el Malo. Para un 15 de mayo, fiesta de San Isidro Labrador, mucha gente llegó al pueblo para la bendición de carretas. Pedro también llevó la suya. La paró muy cerca de la puerta de la iglesia, lejos de las otras carretas. Al ver esto, el sacerdote del pueblo le pidió que alineara su carreta con las demás; pero Pedro el Malo se negó; en ese momento intentó entrar en la iglesia con todo y bueyes diciendo: “Yo no necesito bendición de nadie, esta carreta ya está bendita por el diablo”. Los gritos de los asistentes asustaron a los bueyes y éstos, en el enredo del bullicio, se lograron zafar del yugo y la carreta salió calle abajo con todo y Pedro. El sacerdote le dijo entonces: “Andarás con tu carreta por toda la eternidad”. Desde entonces, la carreta sin bueyes va bendecida por el diablo, anda sola, causando espanto por donde se oye el “traca, taca, tarata” que hacen sus ruedas de madera. Los abuelos cuentan que la carreta sin bueyes pasa por los pueblos de la campiña salvadoreña donde no hay amor ni armonía entre sus habitantes y siempre después de la media noche.

Contar historias y leyendas se volvió una parte importante de la celebración, no sólo por sí mismas, sino por las representaciones y la base que invitan a crear las carrozas y carros alegóricos durante la Calabiuza. De ahí que las carretas chillonas14 se han convertido en una especie de ícono del Festival de la Calabiuza. Éstas se decoran y se arreglan para crear una caravana que va desde el cementerio de la ciudad hasta el centro de ella. Las carretas chillonas son fabricadas por los pobladores y están construidas con huesos de animales, cuernos de vaca, cabello, cal, arena, piedras, morros y mecates.15

Al lado de las carretas desfilan niños, jóvenes y adultos pintados de blanco, negro y rojo, representando a la muerte que camina cerca de cada uno de nosotros.

Si Da Matta16 separa dentro de los acontecimientos previstos del mundo extraordinario: los altamente ordenados como las ceremonias oficiales y los dominados por la diversión y la licencia, el caso del Festival de la Calabiuza puede colocarse en el segundo caso: el universo espacial de este carnaval es la plaza, la calle, el centro de la ciudad. Las mismas personas del pueblo se encargan de organizar todo, de confeccionar los trajes y las carretas. El desfile no es definido por los pobladores como carnaval, sino como festival, pero al igual que en el primero, se caracteriza porque, al ritmo de tambores, se desfila bailando, sin orden y sin un control determinado. La marcha es una visión de movimiento, de dinamismo.

La celebración mantiene esa idea de unión y de discurso, como sostiene da Matta,17 donde lo carnavalesco no se separa totalmente de lo religioso, sino que ambos se vuelven representación de una misma realidad, en la que cada cual tiene sus propios aspectos, pero juntos producen el ritual.

Al siguiente día, el 2 de noviembre, todas las familias se preparan para ir a enflorar; pero no sólo en Tonacatepeque sino en todo el país. Se acercan al camposanto para recordar a sus muertos y les llevan flores. Se aprovecha para limpiar las leyendas y cruces que adornan los mausoleos. Los párrocos celebran misas especiales y recorren cementerios y tumbas para bendecirlas y rezar por las almas. Y ya, de regreso a casa, se acostumbra comprar hojuelas con dulce de atado y se cena en familia, recordando a todos los seres queridos que ya no están.

Bibliografía

CIENFUEGOS, Eduardo. “El conflicto armado en El Salvador”, Oscar Martínez (coord.), Historia general de El Salvador. Nuevo Enfoque, El Salvador, 2003, pp. 153-164.

DA MATTA, Roberto. Carnavales, malandros y héroes. Hacia una sociología del dilema brasileño. Fondo de Cultura Económica, México, 2002.

DE GEVARA, Concepción. “Tradición oral salvadoreña. Mestizaje, religión y valores”. Revista de Museología “Kóot”, 2010, pp. 101-114. Disponible en: http://www.lamjol.info/index.php/KOOT/article/view/1155/978

GEOFFROY, Pedro. La lengua salvadoreña: el español que hablamos en El Salvador. Dirección de Publicaciones e Impresos, El Salvador, 1998.

HERNÁNDEZ, Nidia. “Hoy llega la Calabiuza al festival de Tonacatepeque”, ElSalvador.com. 31 de octubre de 2013, disponible en: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_completa.asp?idCat=47862&idArt=8290944.

MORALES, Alex. “La calabiuza se celebró en Tonacatepeque”, MyTonaca. 2 de noviembre de 2013, disponible en: http://www.mytonaca.com/2013/11/la-calabiuza-se-celebro-en-tonacatepeque/.

ORELLANA, Karla. “Personajes de la mitología cuscatleca desfilan en el Día de la Calabiuza”, La Palabra Universitaria. 6 de noviembre de 2014, disponible en: http://lapalabra.utec.edu.sv/?p=402.

RODRÍGUEZ, René. “Día de la Calabiuza”, MyTonaca. 29 de octubre de 2012, disponible en: http://www.mytonaca.com/2012/10/dia-de-la-calabiuza-y-el-ayote-en-miel/.

SCHECHNER, Richard. “Restauración de la conducta”, Marcela Fuentes y Diana Taylor (eds.), Estudios avanzados de performance. Fondo de Cultura Económica, México, 2011, pp. 31-49.

TAYLOR, Diana. “Introducción”, Marcela Fuentes y Diana Taylor (eds.), Estudios avanzados de performance. Fondo de Cultura Económica, México, 2011, pp. 7-30.

“Tonacatepeque, historia del día de la calabiuza”, Mi pueblo y su gente; historia, tradiciones y cultura de El Salvador. 27 de octubre de 2010, disponible en: http://www.mipuebloysugente.com/apps/blog/show/5175520-tonacatepeque-historia-del-dia-de-la-calabiuza.


1

.- Una primera versión de este texto fue presentada en la mesa Diversidad cultural y culto a los muertos, de las Jornadas Funerarias de 2014.

2.- Maestra en Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana. Actualmente se desempeña como encargada de difusión y relaciones públicas de dicho Centro.

3.- Ambos representan seres mitológicos de la tradición oral salvadoreña. La Ciguanaba (también se escribe Siguanaba) proviene de cihuat (mujer) y nahuali (brujo) lo que representa a la mujer bruja que, según la tradición oral, vaga de noche y se le aparee a los hombres ebrios y transnochadores, los seduce y los atrae hasta hacerlos caer en un barranco. La Ciguanaba fue castigada por el dios Tlaloc por haber abandonado a su marido y a su hijo el Cipitío. El Cipitío representa al niño abandonado de la época colonial y la discriminación que sufrían los mestizos durante este periodo. Ambas leyendas muestran ser parte de una tradición más colonial que prehispánica, debido que en los documentos sobre mitología nahua, no se se mencionan como parte de la tradición, sino que es hasta los estudios de mestizaje (De Guevara, 2010).

4.- Calabaza .

5.- Roberto Da Matta, Carnavales, malandros y héroes. Hacia una sociología del dilema brasileño

6.- Árbol de la especie Crescentia cujete cuyos frutos se usan en El Salvador para crear huacales y cuyas semillas son usadas para fabricar una bebida llamada horchata.

7.- Bejuco similar al chayote o güisquil, comestible cuando está maduro. Palabra que proviene del pipil champeris; Pedro Geoffroy, La lengua salvadoreña: el español que hablamos en El Salvador.

8

.- René Rodríguez, “Día de la Calabiuza”, MyTonaca.

9.- Enfrentamiento que se desarrolló a partir de 1970 con el proceso de gestación de guerrillas en El Salvador y que ocasionó una guerra civil en enero de 1981. El conflicto armado fue una lucha entre la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) y las cuatro organizaciones guerrilleras: Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Fuerzas Populares de Liberación (FPL), Partido Revolucionario de los Trabajadores del Pueblo (PRTC) y Resistencia Nacional (RN) (véase Eduardo Cienfuegos, “El conflicto armado en El Salvador”, Oscar Martínez (coord.), Historia general de El Salvador).

10.- En “Tonacatepeque, historia del día de la calabiuza”, Mi pueblo y su gente; historia, tradiciones y cultura de El Salvador

11.- Alex Morales, “La calabiuza se celebró en Tonacatepeque”, MyTonaca

12.- Diana Taylor, “Introducción”, Marcela Fuentes y Diana Taylor (eds.), Estudios avanzados de performance.

13.- Ibid., p. 38.

14

.- Otra leyenda salvadoreña Mi pueblo y su gente, 2010.

15.- Nidia Hernández, “Hoy llega la Calabiuza al festival de Tonacatepeque”, ElSalvador.com; Karla Orellana, “Personajes de la mitología cuscatleca desfilan en el Día de la Calabiuza”, La Palabra Universitaria

16.- Roberto Da Matta, op. cit.

17.- Ibid

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Balajú. Revista de Cultura y Comunicación de la Universidad Veracruzana. Año 5, número 8, Enero-Julio 2018

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