2._VIK__NDII._LA_FIESTA_DE_LOS_MUERTOS.

Vikó Ndii. La fiesta de los muertos1

Por Jaime García Leyva2

Ta ni naa

ta ni nda´va

Ta ni naa

ta ni nduxi.

Ta vitin na´a kui ta ndo xi´in sa´ya ñu´u yivi.

Mii ndo ná koto ndo nuu.

Mii kia káni kaá ndo vaxi ndo.

Tu´un nto´o vaxi

tu´un náni vaxi

ña na taku tu´un

ña na taku tachi

an ka´nu ndo tu´un

an ka´nu ndo tachi

an ka´nu ndo tachi ta nda´vi, ta iva ta si´i.

Vitin vaxi ndo koo ¡Justicia!

Ta mii ndo kuú ndo na kasa justicia.

NI KANA YO NÍMA, TATA XII KUA´A, KI´UN ÑUU KOACHI

Los que se oscurecieron

los que se apagaron

los que se oscurecieron

los que fueron enterrados.

Y ahora vengan a pararse con los hijos del mundo

vengan a mirar los rostros

¿Dónde se encuentran, donde vienen?

Viene la palabra de respeto

viene la palabra grandiosa

que germine la palabra

que germine el espíritu

no rompan la palabra

no rompan el espíritu

no rompan el espíritu de nosotros los humildes, padres y madres.

Ahora vienen a hacer ¡justicia!

y ustedes son los que harán justicia.

INVOCACIÓN A LOS MUERTOS. ABUELO GRANDE, MONTAÑA DE GUERRERO

Vikó Ndii: la fiesta de los muertos

Na Savi celebramos a nuestros muertos en los últimos días del mes de octubre y los primeros días de noviembre. La celebración se denomina Vikó Ndii3 (fiesta de los muertos) y es parte de un continuum cultural desde tiempos ancestrales. Actualmente a esta fiesta se le han incorporado nuevos elementos culturales, convirtiéndola en un entramado ritual, simbólico y religioso complejo. Para Na Savi la muerte es la transición a otra vida. Un ciclo que todos cumplen. La vida no termina con la muerte y desde Ñuu Ndíi –el pueblo de los muertos, las almas y los espíritus– regresa para ayudar a los habitantes del Ñuu Yivi (el pueblo de la gente, el mundo).

Vikó Ndíi es una celebración que cohesiona y brinda identidad a Na Savi del México contemporáneo. El culto a la muerte convoca a los avecindados fuera de la región y en las comunidades. Es en octubre cuando se celebra a las almas de los antepasados que vienen a hacer justicia y con ellos se comparte la comida, la bebida, la música y la palabra. Las almas de los ancestros vigilan y orientan el correcto proceder de los pobladores. En torno a la celebración son convocados los rezanderos, las autoridades, los músicos, las

mujeres y la comunidad en general que cumple funciones distintas. El culto despliega creencias, historias, leyendas, crónicas y recursos materiales y simbólicos. En las culturas indígenas mesoamericanas, la celebración cobraba gran majestuosidad y respeto. Los códices, los vestigios arqueológicos y crónicas coloniales dan cuenta de esta celebración. Las prácticas funerarias y rituales –modificadas con la intromisión de la religión católica– pervivieron resemantizadas y siguen vigentes.

En México, el respeto y culto a los muertos tiene denominaciones distintas: día de muertos, todos santos o fieles difuntos. En la Montaña de Guerrero esta práctica continúa vigente en la vida de los pueblos me´phaa, nahuas y mestizos. Los muertos están presentes en la vida cotidiana. Cumplen peticiones, velan, ayudan y protegen de males y enfermedades a los habitantes del mundo terrenal. De igual manera otorgan bendiciones a la comunidad, procuran buenas cosechas y propician la armonía y la justicia comunitarias. Las almas de los ancestros retornan anualmente a departir, supervisar, vigilar y dar señales para reorientar el camino.

En el calendario ritual esta celebración tiene mucha importancia. La fiesta se relaciona con el periodo agrícola. Se realiza en el momento de la cosecha y se entrelaza con el ejercicio del poder y la organización social comunitaria en virtud de que es el espacio simbólico donde se realiza la elección de autoridades que posteriormente darán cumplimiento a los rituales comunitarios. Hay tres momentos importantes para Na Savi, empezando con Kuiya Xaá (año nuevo). Este es el momento de la renovación, tanto de autoridades como del ciclo individual. Se cambia a las personas que asumen como representantes comunitarios. La población acude a la cima de los cerros, a ciénegas, a colinas u a otros lugares a rezar y a “cambiarse de nombre”, para protegerse de las adversidades del nuevo año o de los males que pueden venir. Es el momento en el cual se está atento a las señales del cielo, a luminosidades o a relámpagos para saber “cómo va a pintar el año” y leer las cabañuelas.

Las autoridades, mayordomos o responsables elegidos deben acudir, en abril, a la cima de los cerros sagrados. Se invoca a Yoko Savi (el espíritu de la lluvia sagrada). El Yiva Si´i, padre y madre, invoca mediante discursos rituales a los espíritus de la lluvia, el maíz, los granos, los animales, el trueno, el rayo, el viento y el relámpago, entre otras deidades, para que provean el agua, el buen florecimiento de semillas y la buena cosecha. En caso contrario, si no se realizan las invocaciones de manera adecuada el pueblo sufrirá divisiones o se perderán las cosechas. Se invoca el agua de los trece mares y los distintos tipos de lluvia.

El ritual de invocación de la lluvia se entrelaza con el culto al santo católico de San Marcos. Ambas celebraciones se han fusionado e integrado en algunos lugares. Este suceso marca el inicio de la temporada de lluvias y de las faenas agrícolas, la preparación de la tierra, la siembra de maíz, calabaza y chiles y el cuidado de las plantas. En este lapso se realiza la siembra de flor de cempaxúchitl, entre los días 10 y 25 de julio. Además, coincide con la celebración al santo católico Santiago Apóstol. Así, la flor germina y se utiliza en los meses de octubre y noviembre.

A fines de septiembre se celebra a San Miguel Arcángel. Entonces las milpas son adornadas con flores, y se agradece a los santos y a deidades la procuración de buenas cosechas, de maíz, frijol, elotes y otros productos del campo. Así culmina la larga espera del hambre y se inicia el momento de ser gratos con los espíritus, los santos, las deidades, los antepasados y los semejantes. Se inicia Vikó Ndii y desde fines de septiembre y principios de octubre se realizan actividades preparatorias para rendir respeto y culto a las almas de los ancestros.

El mes de octubre es el señalado para iniciar la cosecha agrícola y se comparten con las almas de los muertos (níma ndíi) los productos recolectados. La muerte es una transición del mundo terrenal al mundo de los muertos. Los muertos regresan anualmente del Ñuu Ndíi (mundo de los muertos) al Ñuu Yivi (mundo de la gente). Retornan, comparten y departen con sus familiares. Por tal motivo se les celebra una fiesta en la que abundan comida, flores, copal, música y bebida. Esta práctica cobra dimensiones festivas como un espacio sagrado y de respeto, un circuito ceremonial y festividad que convocan a la movilización de bienes materiales y simbólicos y a la puesta en escena de prácticas, creencias y acciones colectivas, como un diálogo espiritual entre los pobladores, que cumplen así con el ritual ancestral cuya raíz proviene de la tradición cultural mesoamericana.

Las almas de los muertos vienen para compartir los alimentos elaborados con productos del ciclo agrícola que culmina con las cosechas. Además, protegen a los vivos de las fuerzas negativas, del mal aire y de las enfermedades. Procuran las buenas cosechas, la salud, otorgan bendiciones y vigilan a la comunidad. Las almas se manifiestan por medio de los sueños, con el viento, en la comida que se quema, con el fuego del fogón, en la luz de las velas o si sucede un incidente en el seno familiar. Las señales obligan a las personas a asumir ciertas pautas de conducta y las creencias son respetadas de acuerdo a la cosmovisión. Na Savi muestran su respeto y alegría depositando en altares y mesas los alimentos preferidos de los difuntos. Acompañan cada acto con flores, copal y música. De esta manera se honra la memoria y presencia simbólica de los fundadores de los pueblos, héroes, hombres y mujeres de conocimiento, a las autoridades, a los músicos y a distintas personalidades que habitaron los pueblos antes que nosotros.

La fiesta involucra a toda la comunidad. Los preparativos inician a mediados de septiembre y continúan en octubre. Las familias se aprovisionan de velas, cohetes, comida, aguardiente y otros productos. Los avecindados en distintos lugares del país y en el extranjero retornan a sus lugares de origen. En algunas poblaciones, desde fines de septiembre y en la primera semana de octubre se acude a los panteones para depositar flores en las tumbas, comida y realizar rezos. Desde el 29 de septiembre, como sucede en pueblos de Copanatoyac, los pobladores acuden a realizar la limpieza del camposanto. A partir de octubre se realiza un encuentro simbólico con sus muertos y durante cada lunes acuden a depositar flores a las tumbas. En pueblos de Xalpatláhuac y Atlamajalcingo del Monte se realiza la limpieza de lugares sagrados. En el camposanto se corta la maleza, se resanan las tumbas y se adornan las cruces. Las puertas de la iglesia son adornadas con ramos de flores.

La fecha sagrada es la noche del día 27 de octubre, cuando en la mayor parte de las poblaciones Na Savi de la Montaña de Guerrero, las autoridades, los mayordomos, los músicos, los ancianos, los niños y algunas mujeres acuden a la cima de los cerros para invocar a las almas de los muertos. En la cima de las colinas se construyen enramadas con hojas de pino y encino. La construcción semeja ser una cueva o un umbral por donde llegan las almas de los muertos después de ser invocados por los cantores y los rezanderos. La construcción tiene una orientación hacia donde sale el sol. 4

En la mayoría de los pueblos son adornadas las puertas de la iglesia y de la comisaría con flores de cempaxúchitl. Ahí el comisario deposita las varas de mando. Las casas son objeto de limpieza. En las unidades domésticas y familiares, tanto como en Ve´e Ka´nu (la casa grande y de respeto), se acondiciona una parte donde se colocará una mesa para utilizarse como altar. Se limpia el camino por el cual arribarán las almas. La fiesta moviliza a la población avecindada en el interior del país y en el extranjero, que retorna a mediados de septiembre y a principios de octubre para cumplir con la costumbre.

La fiesta convoca a la población para procurar una imagen de limpieza, orden y armonía en los pueblos ante la visita de las almas de sus antepasados. De lo obtenido en la cosecha son seleccionadas mazorcas de maíz, frijol, calabazas, chile, hojas de totomoxtle, chilacayotes y otros alimentos. Las ferias regionales previas a octubre son el escenario de intercambio económico y productivo. Se acude a las cabeceras municipales o a Tlapa, principal centro económico comercial, en la Fiesta de Señor del Nicho para abastecerse de diversos materiales. Los elementos cruciales son velas, copal, sahumerios, comales y ollas para utilizarse en la elaboración de comida, hasta ropa y zapatos para vestir el día de velación. Las familias se aprovisionan de copal, aguardiente, leña, velas y otros objetos. Engordan pollos, cerdos, chivos, reses y guajolotes que sacrificarán en los meses posteriores.

Ni kana yo níma ndíi: invocar a las almas de los muertos

A mediados de octubre, los mayordomos, autoridades y otros encargados suben a un cerro cercano y construyen una casita con ramas de pino o de encino. Adornan las cruces con flores amarillas. El lugar se denomina Nuu kuu ndati, “donde se encuentran o caen las sombras”. Hacen referencia a un lugar de penumbras. También se interpreta como el lugar “donde se espera a las almas”. En el centro de la enramada se colocan tres ramas semejando cruces así como piedras apiladas formando un semicírculo. Éste da espaldas a donde sale el sol. De igual manera las puertas de la iglesia, la comisaría y las casas son adornadas con arcos de flores amarillas. El comisario arregla una mesa en el centro de la comisaría, le construye unos arcos y extiende las flores. Se cumple, como lo señalan: “la costumbre de nuestro pueblo”.

El 24 o 27 de octubre por la noche los pobladores, los mayordomos, los músicos y el cantor (ta kantori) acuden a un cerro o colina e invocan a las almas de los muertos (Na kana yo níma). El cantor reza en su lengua materna durante varias horas y llama a las almas a medianoche. Los mayordomos entregan al cantor velas, ramos, manojos y cadenas de flores amarillas, copal, aguardiente y velas agrupados en 6, 9, 12 y 13. Además de cigarros y cerillos, que son depositados y apilados junto a las cruces.

El cantor reza por los mayordomos, por el bienestar del pueblo y por “que a las autoridades comunitarias se les ilumine el camino en sus quehaceres cotidianos”. Invoca a las almas de los fundadores de los pueblos y a sus ancestros para que vengan a hacer justicia. También reza a las varas de mando del comisario y de los mayordomos. Su discurso se basa en estrategias de la oralidad, un estilo discursivo basado en la memorización, repetición, argumentación, paralelismos y difrasismos. El cantor habla y dice:

Ña na taku tu´un [Que viva la palabra]

Ña na taku tachi [que viva el espíritu]

Ña na taku tu´un [que viva la palabra]

Ña na taku ndusu [que viva la voz]

Los rezos son palabras sagradas. Es un lenguaje ceremonial que cumple la función de abrir la puerta y el umbral para que arriben las almas que vienen del Ñuu Ndii, de Ve´e Kihin, Ve´e Ka´nu. Después de invocar a las almas con rezos y plegarias en una pieza de oratoria y corpus lingüístico de aproximadamente dos horas, las almas arriban. Las autoridades y los mayordomos celebran lanzando cohetes. El invocador toma una botella de aguardiente del altar y da un sorbo. Después se la otorga al comisario, quien la circula entre los presentes, siempre por el lado derecho, porque representa lo positivo, lo bueno. Se bebe por el gusto de que las almas hayan llegado y se departe simbólicamente ellas. La banda de música toca dianas, chilenas, corridos y otras piezas musicales para amenizar la llegada de las almas. Para Na Savi: “Las almas vienen para hacer justicia”.

El día 28 de octubre por la mañana se realiza el acto de depositar comida a las almas: Na chiso yo ña´a nuu níma. El cantor reza nuevamente a las varas de mando y los mayordomos depositan comida en el altar para que las almas “coman y recobren fuerzas” después de su largo viaje para arribar al mundo. Se mantienen los alimentos allí durante algunas horas y después se reparte la comida para, simbólicamente, departir con las almas. Al finalizar, el cantor agradece a las almas por “comer juntos”. De inmediato, el comisario, los señores grandes, los mayordomos, los adultos, los niños y la población en general cargan con las flores y las velas e inician el retorno al pueblo en una caravana. Literalmente “se camina con las almas y se les conduce rumbo al pueblo”.

Durante el itinerario, se realizan varias paradas o estaciones, donde los ancianos enuncian sendos discursos rituales alusivos a la tierra, a la historia comunitaria, a la armonía del pueblo, y rezan y brindan consejos a quienes los acompañan. El cantor celebra rezos en el cementerio, en la iglesia y en la comisaría. En este último lugar el comisario deposita las varas de mando sobre la mesa y sobre el altar que se construye en honor a las autoridades de tiempos pretéritos. La banda de música toca y los ancianos y las autoridades bailan en la comisaría con las almas de sus antepasados. Después, simbólicamente, los pobladores se llevan a sus familiares a sus respectivas casas.

Los habitantes realizan el aseo de sus casas. Adornan puertas y ventanas con flores amarillas de muertos (ita kuaan ndii). Se riegan pétalos de flor de cempaxúchitl semejando un camino para las almas, que los conduce al interior de la casa donde se construyen dos altares. Estos consisten en una mesa grande y otra chica. Una mesa es para las almas de los adultos y otra para los niños. A las mesas se construye un arco adornado con flores (yitun tosó). En la mesa se depositan cempaxúchitl, velas, copal, sahumerio, cerillos, aguardiente, mezcal e imágenes de santos católicos. Se colocan sillas alrededor para que las almas descansen de su largo viaje. Durante los días que dura la fiesta se deposita atole, chocolate, memelas de frijol, tortillas, tamales, mole, cecina, ejotes, calabaza, pan y bebidas.

Vikó. La fiesta

La fiesta de los muertos desde el 27 de octubre hasta el 2 de noviembre representa un momento solemne de ritualidad: un espacio en el cual la comunidad gira en torno al respeto y al culto por sus muertos. Estar con los muertos significa procurar su buena estancia, ofrecerles los mejores alimentos, dialogar y honrarles en medio de la armonía familiar. En la mesa que funge como altar, y que se ubica en el centro de la casa grande, son depositados alimentos y bebidas. Los jefes de familia y ancianos realizan rezos en su lengua materna y establecen comunicación con sus muertos. Se comparten los frutos de la cosecha. Se depositan atole blanco y xoco, de arroz con leche, chocolate, memelas de frijol, tortillas, tamales, mole, carne, ejotes, calabaza y bebidas. Son colgados en el arco de la mesa panes y frutas. Es el momento de sacrificar a los pollos, chivos, cerdos y reses que han sido engordados previamente. Se depositan fotografías, retratos, figuras de santos y objetos personales.

Los alimentos son depositados en medio de misticismo, creencias y rezos para procurar una buena estancia y recibir bendiciones de los antepasados. Después de que las almas comen del “olor”, el yoko sagrado, de la comida, esta es compartida con los miembros de la familia. Se establece un circuito de intercambio recíproco entre los espíritus y los pobladores. Los alimentos se ofrecen “con todo el corazón”, sin importar el dispendio económico. Las velas se encienden junto a las flores que adornan los altares construidos. La mesa y el altar son sagrados y se procura el mayor respeto; se evita jugar, atravesarse o realizar actividades cerca, buscando no interferir en la estancia de los muertos. Las almas se presentan en los sueños, se manifiestan con el aire gélido y juguetón de las tardes, en la comida, en los caminos, en las flamas de las velas que arden y en la lluvia tenue que cae. Si ocurre algún accidente es señal de disgusto. Las almas también se presentan en forma de animales como el colibrí, los gusanos o las orugas. Se manifiestan con el viento, a través del fuego y otros tipos de señales como los sueños.

La fiesta es un espacio para el agradecimiento, el encuentro, el diálogo; un momento solemne y de respeto, de evaluación colectiva y de distensión de problemas. En torno a la celebración se tejen encuentros, hay discusión, se visita a los parientes y se platica sobre los asuntos del pueblo. Se rememora a los muertos, sus cualidades y defectos, y les piden energías, bendiciones y milagros para “seguir haciendo la lucha en el mundo”. La fiesta es el momento propicio para ir a pedir a las novias y hacerse de compadres, reconciliarse con familiares, dialogar y resolver rencillas. Es el momento en que se discute, se platica y se charla para elegir a las autoridades comunitarias, porque tienen de invitados de honor a los espíritus de sus antepasados. Los actos rituales sirven para revitalizar la memoria histórica y colectiva que se expresa en un mandato comunitario, para que las nuevas autoridades cumplan con sus responsabilidades ante la comunidad –en caso contrario, la mirada de los antepasados hará justicia en la comunidad.

Los músicos recorren las casas del pueblo y tocan frente a los altares para alegrar a las almas. La celebración denota respeto por los difuntos que regresan para “observar al pueblo y a las autoridades”. Algunas creencias que predominan son: “no es bueno lavar la ropa porque las almas son las que beben el agua sucia”, “no es bueno disgustarse porque las almas pueden castigar al pueblo”.

El día 31 de octubre es la vigilia de los niños, mientras que el 1º de noviembre corresponde a los adultos. Toda la familia acude al cementerio a encender velas a las almas (Na tuun yó timá nuu níma) y procuran acudir aseados: frecuentemente portan ropas y calzado nuevos. Velar representa un acto solemne y de respeto. Encienden velas en las tumbas de familiares, parientes y amigos. Depositan flores, sahúman y rezan en su lengua. El cementerio es también un espacio de reflexión, encuentro y diálogo con los espíritus de sus antepasados y con los visitantes, hermanos, amigos, compadres y con la red social comunitaria. Cuando se terminan de quemar las velas, acuden a la iglesia a rezar y retornan a sus casas.

El 1º de noviembre, por la noche, se despide a las almas. Las mujeres preparan tortillas y memelas de frijol. Son depositadas en el altar 13 memelas de frijol, agua y se encienden velas. Estos productos representan los alimentos que utilizarán en su viaje de retorno al Ñuu Ndíi. Las dosis de alimentos debe ser pequeñas, para que no sufran fatiga en su retorno al lugar de penumbras, donde permanecerán un año. Son para que las almas se las lleven en el camino y “coman y beban cuando tengan hambre”. Se enciende una vela en el patio para alumbrar el camino y el trayecto de partida. También por las almas que han sido olvidadas se encienden velas, para que no estén tristes

La fiesta culmina el 2 de noviembre conduciendo a las almas al camposanto. Los habitantes acuden por la mañana al camposanto para dejar a las almas y despedirlas. En un acto final, las autoridades con las varas de mando y el cantor rezan frente a las tumbas y el centro del panteón para que las almas retornen a su morada y “agradecen la visita”. El cantor sorbe un poco 5de aguardiente. Arroja el líquido a la tierra y les desea buen camino (de acuerdo con las creencias, en algunos lugares, cuando no se quieren ir las almas, los ancianos toman una vara y les amonestan para regresar a su lugar de descanso). Se despide a las almas con cohetes y música. Después todos se despiden, marchan a sus casas y vuelven a sus actividades cotidianas. La despedida se da en un escenario de nostalgia y de expectativa. Si se cumplieron los respetos necesarios, ello se verá reflejado en un año de bonanza, armonía, trabajo, bendiciones, tranquilidad familiar o castigos. Las almas de los muertos proporcionan energías y bendiciones para “seguir haciendo la lucha en el mundo”.

La fiesta se celebra en medio de circunstancias de adversidad y de pobreza económica, y es en el espacio familiar y comunitario cotidiano donde continúa vigente esta forma de permanencia y resistencia cultural. Na Savi buscan en las almas y en los espíritus de sus muertos y ancestros el amparo, el refugio, las bendiciones y señales para continuar caminando en el mundo contemporáneo. Por ello se realizan dispendios económicos, para agradecer y ofrecer los mejores alimentos y platillos de comida. La suntuosidad de los alimentos es una manera de agradecer, de ser generosos y honrar a quienes “velan por nosotros desde el mundo de los muertos”. Honrar a los muertos es honrarse a sí mismos y a la gente.

Las fiestas, celebraciones y rituales de Na savi representan un entramado simbólico y económico complejo que les permite mantener su cohesión social en torno a costumbres y creencias y, además, reforzar su identidad. La organización social comunitaria y la participación de los individuos denotan respeto, fiesta y alegría, e involucra a personajes y tareas específicas con las entidades sagradas. La combinación de prácticas indígenas y elementos de la religión católica es muestra del sincretismo. En las celebraciones se recurre a lenguajes ceremoniales en la comunicación con las deidades: un lenguaje confeccionado y elaborado que crea respeto y prestigio entre la comunidad. El incumplimiento del ritual trae consecuencias negativas a los individuos, a la familia y a la comunidad.

En los rituales, Na Savi reafirman los vínculos sociales, muestran el apego a sus costumbres y realizan su propia historia en la Montaña de Guerrero y como sujetos del México contemporáneo. Es un pueblo indígena que revitaliza su lengua, su música y su cultura en el complejo mundo contemporáneo. Como lo señalan en sus asambleas, en su vida cotidiana y en sus espacios rituales: frente a la negación de un Estado que les limita la participación y ha negado históricamente su lengua, este tipo de procesos son espacios cotidianos de la vigencia tangible de su cultura y de la resistencia cultural. Todo es para mantener viva “la costumbre y respetar la palabra”.


1.- Una primera versión de este texto fue presentada como conferencia magistral en las Jornadas Funerarias de 2013.

2.- Doctor en Antropología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Investigador en el Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Autónoma de Guerrero, campus Montaña. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel Candidato. Es coordinador del campus Montaña en Huamixtitlán, Guerrero, proyecto educativo de implementación de educación superior en regiones indígenas.

3

.- Vikó: fiesta. Ndíi (o Ndii): muerto. La traducción de ambas palabras –juntas– es: la fiesta de los muertos. Las almas de los muertos regresan de Ñuu Ndíi (el pueblo o la tierra de los muertos) para celebrar y convivir con los vivos. En torno a la fiesta se mantiene una idea de respeto y no de temor, dado que las almas y los muertos otorgan bendiciones y velan por el pueblo. Aunque también la muerte se encuentra presente y acompaña en el resto del año, pero su fiesta es en octubre.

4

.- En Metlátonoc acuden el 24 de octubre. En los municipios de Alcozauca, Xalpatláhuac y Tlapa van a “llamar a las almas” el 27 de octubre, en la noche.

5

.- Estas actividades se realizan en el pueblo de Tepecocatlán, municipio de Atlamajalcingo del Monte, Guerrero.

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Balajú. Revista de Cultura y Comunicación de la Universidad Veracruzana. Año 7, número 13, julio-diciembre 2020

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