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Un estadio para Estridentópolis: Modesto C. Rolland y su visión moderna de Xalapa

Justin Castro1

Construid un estadio. Levantad, como dos brazos que se tienden en

llamada cordial para el futuro, la firmeza de esas herraduras de

concreto sobre las que nuestro pueblo sienta temblar de renovada

pasión su corazón que aplaude la belleza en libertad.

GERMÁN LIST ARZUBIDE, “Construid un estadio” (1926).

En abril de 1923, Manuel Maples Arce abrió la primera transmisión en una radio comercial mexicana. Escribió un poema para la ocasión: T. S. H. El poema de la radiofonía:

Sobre el despeñadero nocturno del silencio

las estrellas arrojan sus programas,

y en el audión inverso del ensueño,

se pierden las palabras olvidadas.

T. S. H.

de los pasos

hundidos

en la sombra

vacía de los jardines…2

Maples Arce era un joven estudiante de derecho que vestía finos trajes y escribía una poesía radical e iconoclasta, celebratoria de la vida moderna.3 Él era un poeta estridentista, miembro de un pequeño pero influyente grupo de escritores y artistas afiliados a ese movimiento vanguardista. Maples Arce leyó T. S. H. El poema de la radiofonía en la radio días antes de que la Ciudad de México fuera la sede de la Gran Feria del Radio en junio de 1923. Modesto C. Rolland, a cargo de la organización de la feria, y quien era una figura bien conocida en la esfera social y de la radio en la Ciudad de México, muy seguramente escuchó la transmisión inaugural de Maples Arce. Rolland fue una de las primeras personas en contar con un buen receptor de radio en la capital. De hecho, él contaba en su residencia capitalina con una habitación diseñada específicamente para las transmisiones. Él, como Maples Arce, amaba la radio –su modernidad, su potencial, su poder.4

No sería sino hasta dos años más tarde que Rolland y Maples Arce se conocerían personalmente. Curiosamente no fue su pasión radial lo que los haría formar parte del mismo círculo, sino que fue el general Heriberto Jara Corona, que servía como gobernador del estado de Veracruz, quien los acercó. Su predecesor, Adalberto Tejeda Olivares, había ocupado un puesto en el gabinete del presidente Plutarco Elías Calles.5 Tejeda había estudiado brevemente en la Escuela Nacional de Ingeniería cuando Rolland era estudiante, pero Tejeda tuvo que desistir de sus estudios debido a problemas financieros.6 Después de obtener su título de abogado, Maples Arce se mudó de la Ciudad de México para trabajar como juez en Xalapa, la capital del estado de Veracruz.

Jara, impresionado por la integridad de Maples Arce, lo nombró secretario de gobernación en enero de 1926.7 Antes, mientras Maples Arce se desempeñaba como juez, Jara contrató a Rolland para diseñar y construir el impresionante estadio, escaparate de la voluntad moderna de la administración de Jara, que podía utilizarse para múltiples demostraciones de modernidad y progreso.

Cabe aclarar que Rolland nunca se consideró a sí mismo un estridentista; él pertenecía a una generación anterior a la mayoría de los poetas y pintores iconoclastas de dicho movimiento. Sin embargo, su estadio se convirtió en un pilar importante dentro de la estética estridentista de Xalapa, donde un número importante de los escritores y artistas del movimiento se habían reubicado.8De esta manera, sin pretenderlo, Rolland terminó relacionado con estos promotores del pensamiento utópico, el progresismo global y el diseño moderno en México.

Estos futuristas imaginaban Xalapa como Estridentópolis, un centro metropolitano, moderno, industrial, hecho de hormigón y de estaciones radiales. Su pronóstico para Estridentópolis fue mucho más industrial y tecnológicamente avanzado de lo que Xalapa era realmente. Aureliano Hernández Palacios –un educador de Xalapa, estudiante normalista en la década de 1920– más tarde recordaría que, en esa década: “Xalapa era tranquila, con un espíritu provincial, refugiada en un chal de neblina”.9 Pero tal vez la visión estridentista no era completamente falsa. Rolland había construido un moderno estadio, uno que celebraba el logro tecnológico de la arquitectura de concreto armado, y Jara había ordenado la construcción de una estación de radio, una represa, numerosos edificios e infraestructura pública y caminos. El asfalto y los automóviles habían llegado a la ciudad provincial y las gasolineras habían empezado a surgir. Había una estación de trenes que brindaba un servicio puntual entre Xalapa, los pueblos cercanos y el puerto de Veracruz.10

Rolland y los estridentistas trabajaron en Xalapa por los mismos años –durante la presidencia de Calles–. Cabe señalar que Rolland y Calles no tenían una relación cercana. En la administración anterior, de Álvaro Obregón, Rolland trabajó en los puertos y en la Comisión Agraria Nacional, pero Calles parecía no tener interés en trabajar con Rolland.11 Y el hecho de que algunos de los colegas más cercanos de Rolland hubieran participado activamente en la rebelión encabezada por Adolfo de la Huerta (1923-1924) no ayudaba mucho para inspirar un sentido de confianza entre Rolland y el nuevo presidente. Por su parte, Jara y Calles tenían una relación funcional, pero desconfiaban mutuamente el uno del otro, a pesar de que Calles apoyó la candidatura de Jara a la gobernación. Jara, como Tejeda, había apoyado con su liderazgo militar en Veracruz a Calles y Obregón durante la rebelión delahuertista, pero antes, como Rolland, Jara había sido amigo de algunos de los líderes de la rebelión. La relación entre Calles y Jara se volvió más tensa durante el periodo como gobernador de este último, debido a desacuerdos por la autonomía estatal, la cartera de trabajo y las demandas de Jara a las compañías petroleras.12

Jara y Rolland, por otro lado, compartían la misma red de contactos políticos y, además, habían establecido una relación cercana desde la colaboración de Jara con el general Salvador Alvarado en la ocupación de Yucatán, a inicios de 1915.13 Esta relación continuó durante el tiempo en que Rolland trabajó con Alvarado. Jara y Alvarado habían tenido diferencias de estrategia militar, pero Jara era un gran admirador de Alvarado como persona; lo llamaba un hombre de “grandes ideales”, que peleaba por la justicia social.14 Jara estaba al tanto de las ideas y proyectos que Rolland había traído al Yucatán de Alvarado. Con la esperanza de aprovechar las iniciativas empezadas en Yucatán la década anterior, Jara invitó a Rolland a Xalapa, ofreciéndole apoyo político y nuevas oportunidades. Su relación muestra que la habilidad de Rolland para adaptarse y prosperar durante administraciones distintas estaba asociada a sus diversas conexiones en una múltiple y bien organizada camarilla existente en la burocracia nacional y en los gobiernos estatales. También muestra cómo Rolland aprovechó las oportunidades en los estados cuando ya no tenía un puesto de carácter nacional.

Jara, por su parte, tenía interés en construir un legado duradero, invirtiendo masivamente en proyectos de obras públicas e incorporando a una joven generación de pensadores radicales, entre ellos los estridentistas, a su gobierno. El excesivo gasto público, resultante de este proyecto, causó un déficit severo para el gobierno de Veracruz, pero permitió a Rolland y a los estridentistas disfrutar del apoyo suficiente para completar proyectos importantes y avanzar sus nociones de progreso. El estadio que Rolland construyó en Xalapa todavía sigue en pie, un claro testamento a lo decisivo de su diseño.15 Las deudas, sin embargo, perjudicarían el gobierno de Jara e interrumpirían el sueño del desarrollo de una ciudad de estilo progresista e integral. Planes masivos significan costos excesivos, una realidad contra la cual los sueños de Rolland se estrellarían constantemente.

El estadio, cabe mencionar, no fue idea sólo de Jara o de Rolland; era parte de un proyecto anterior asociado a los tiempos del Porfiriato. En 1898, William K. Boone, inmigrante estadounidense que se había convertido en presidente de la Cámara de Comercio de Xalapa, propuso la construcción de un estadio. Tejeda había trabajado con Boone y con miembros de la Compañía de Luz y Fuerza y de Ferrocarriles de Xalapa –empresas asociadas con Boone– para construir un estadio para la ciudad, el cual estaría completado para 1922. El Estadio Xalapeño que Rolland construyó fue diseñado tomando en cuenta esta idea original.16

El estado de Veracruz había crecido durante el tiempo en que Rolland trabajó allí. Él había viajado mucho por su territorio en la década pasada. Le gustaba la Sierra Madre Oriental, la gran cadena de montañas que empezaba en los pantanos del Golfo. En sus alturas más elevadas, donde el aire rápidamente refrescaba, Rolland celebraba la “eterna primavera” de estos pueblos serranos, incluyendo a Xalapa.17 Ésta estaba situada en una buena ubicación, él pensaba. Estaba cerca y bien conectada al inhospitable pero importante puerto de Veracruz y, a la vez, a menos de trescientos kilómetros de la Ciudad de México.

Habitaban Xalapa entonces unas 20 000 personas.18 La ciudad era templada, llena de jardines, una mezcla de árboles y coníferas, y un laberinto de estrechas y sinuosas calles. Las moras y los colibríes abundaban.19 En junio de 1925, Rolland se instaló en una residencia y oficina en el centro. Sus hijos lo visitaban en ocasiones, pero ellos seguían matriculados en su colegio en la Ciudad de México, donde vivían con una de sus tías, después del fallecimiento de la madre.20 Todavía en Xalapa las adolescentes le rezaban a la Virgen de la Piedad en la catedral, con la esperanza de recibir de sus novios propuestas de matrimonio.21 El impresionante volcán del Pico de Orizaba se vislumbraba y destacaba entre la cordillera del suroeste; el Cofre de Perote, otro volcán antiguo, lo hacía hacia el oeste. Algunas veces las nubes permanecían sobre los valles que dividían las montañas, las cuales se mostraban oscuras frente a los naranjas y amarillos del amanecer.

Veracruz era un estado pintoresco, pero su gente había experimentado un alto grado de disturbios. Las tropas estadounidenses habían invadido y ocupado el puerto de Veracruz en 1914. Luego de la retirada de las tropas invasoras, los constitucionalistas, expulsados de la Ciudad de México, establecieron su base de operaciones en el puerto donde Venustiano Carranza hizo sus famosos decretos revolucionarios a inicios de 1915. Había habido luchas significativas a lo largo del estado. Durante su primer periodo en el gobierno, Tejeda se había embarcado en un ambicioso programa de reformas sociales, de vivienda y de tierras. Rolland trabajaba en ocasiones para el estado como un funcionario de la Comisión Nacional Agraria. Tejeda y sus partidarios movilizaron las grandes masas sindicales para frenar la violenta oposición de parte de los sectores más conservadores de la sociedad de Veracruz. Éste había sido el epicentro de la violencia durante la rebelión delahuertista, y Tejeda había organizado batallones de campesinos y de obreros para luchar contra los rebeldes. El prominente rol del general Jara en la derrota de la rebelión en el estado ayudó a asegurar su popularidad y lo llevó hasta la gubernatura.22 Para 1925, cuando Jara invitó a Rolland a Xalapa, la ciudad y el estado al que pertenecía habían vivido un gran número de movilizaciones políticas.

Jara contrató a Rolland para reinventar Xalapa. El estadio fue diseñado para ser el primer componente de una serie de largas transformaciones. Rolland y Jara soñaban con una “ciudad escolar”, la misma que consistiría de una universidad, viviendas de calidad para los trabajadores, y el estadio, el cual uniría los barrios alrededor de un renovado espacio público donde coexistirían las diferentes clases sociales. Se trataría de una comunidad próspera de estudiantes, educadores y trabajadores viviendo en colaboración y sin explotación. Habría vivienda a precios accesibles, planificación orientada hacia la comunidad, laboratorios científicos, una piscina olímpica abierta al público deportista, un gimnasio, salones y campos deportivos. Se construirían bellos parques y jardines y una moderna red de comunicación eléctrica que conectaría el centro de la ciudad, la universidad, el estadio y la Ciudad Jardín. La comunidad que surgiría de esta nueva realidad sería “nueva, limpia, feliz y agradable”.23

La ciudad escolar significaría la primera oportunidad que Rolland tuvo para concretar su sueño de la comunidad ideal. Era un reflejo de sus ideas sobre urbanismo, que había gestado a inicios de 1920, ideas prestadas en su mayoría de los progresistas estadounidenses que habían influido a Europa y a Australia. Textos como Modern Cities (1913) de Horatio Pollock y William S. Morgan enfatizaban el modelo alemán de la administración urbana y de las nuevas “ciudades jardín” de Inglaterra. Privilegiaban la colaboración sobre la competencia, el “deseo por una vida al aire libre” y la “demanda de belleza”. Ellos admitían que en las partes “civilizadas” del mundo, “la limpieza, la belleza y la salud eran los principios de la ciudad moderna que habían reemplazado a la suciedad, la fealdad y las enfermedades de sus predecesores”.24 Rolland admiraba estos relatos de la limpieza de las calles, la gente sana y ahorrativa, y la desaparición del crimen y el desorden. Él pensaba que a través de la ciencia y el esfuerzo el mundo se volvería más saludable, feliz y próspero.

El concepto de la ciudad jardín de los trabajadores surgió de las experiencias progresistas que compartían Rolland y Jara. 25 La idea fue originalmente desarrollada en el siglo XIX por Ebenezer Howard, un inglés que emigró a Estados Unidos, fracasó como granjero en Nebraska y luego vivió en Chicago, para regresar a Inglaterra, donde intentaría desarrollar comunidades colaborativas fuera de los tugurios londinenses donde vivían los trabajadores. Influenciado por los ideales utópicos de Looking Backward de Henry Bellamy y por las teorías político-económicas de Henry George, Howard escribió el influyente libro To-morrow: A Peaceful Path to Real Reform (1898), vuelto a publicar como Garden Cities of To-morrow cuatro años más tarde. Sus ciudades jardines fueron, como señala el historiador Peter Hall, “los vehículos para la reconstrucción progresista de la sociedad capitalista hacia una infinita comunidad co-operativa”.26 Estas comunidades estarían conectadas con las grandes ciudades a través de un transporte moderno, pero estarían rodeadas de áreas verdes y de condiciones de vida saludables. Los residentes podrían unir recursos para comprar tierra de cultivo barata y, además, atraer a la industria.

En el mejor de los casos, estas comunidades consistirían en trabajadores calificados y no calificados, ingenieros, albañiles, artistas, agricultores, arquitectos, inspectores manufactureros. Las comunidades, además, serían ejemplos del autogobierno comunitario. En palabras de Howard, “los ciudadanos pagarían una renta modesta por sus casas o fábricas o granjas, suficiente para cubrir la inversión, y luego –progresivamente, ya cuando la inversión hubiera sido pagada– proveer abundantes fondos para la creación de una sociedad de bienestar local, sin la necesidad de un sistema de impuestos local o federal, y bajo la responsabilidad de los propios ciudadanos”.27 Suena utópico o anarquista, pero no era un sueño inalcanzable. Ya había un proyecto en progreso en Letchwoth, Inglaterra, a sólo 54 kilómetros de Londres, para hacer realidad las ideas de Howard.28 El movimiento de la ciudad jardín ha influenciado a planificadores urbanos y progresistas a lo largo de Europa y de Estados Unidos, incluyendo a los conocidos de Rolland en este último país.29 La ciudad jardín de Xalapa iba a estar ubicada justo “al sur del estadio, en las muy bien dispuestas colinas y valles”. A través de “maneras prácticas y científicas,” los planificadores urbanos resolverían “el problema de la vivienda” y mejorarían la calidad de vida de los trabajadores. Los planos de Rolland de la nueva comunidad muestran un sistema de calles curvas, por donde se ubican hileras de casas, el edificio central de administración, un hotel y un mercado. La comunidad estaría basada en la cooperación y en el voluntariado. En palabras de Rolland, “la especulación basada en el valor artificial de la tierra estaría estrictamente prohibida. Ningún particular sacaría ventajas de ganancias conseguidas por el esfuerzo común”. El gobierno del estado compraría la tierra y la renta estaría basada en el costo de los servicios básicos más una pequeña tarifa para el Tesoro estatal que se invertiría y se gastaría “inteligentemente” en beneficio de los trabajadores.30

Lo que hubiera pasado con este proyecto es pura especulación. Seguramente, los trabajadores estarían contentos con el empleo y tal vez con la idea de vivir en una comunidad de casas bonitas. Los residentes estarían familiarizados con los pronunciamientos revolucionarios de igualdad, cooperación, colaboración y espíritu comunal, aunque muy pocos habitantes sabrían quiénes eran Ebenezer Howard y Henry George o lo que los planificadores querrían para la ciudad jardín. Esta realidad toca un asunto que terminaría por resurgir y obstaculizaría los diseños de Rolland durante su carrera entera: en lo personal, no era particularmente hábil trabajando con la gente que quería ayudar. Él hablaba de mejorar las vidas de todos los mexicanos, pero se frustraba muy fácilmente con la gente que no vivía según sus estándares o no entendía su visión de las cosas. Para él, la mayoría de los mexicanos eran incivilizados. Como resultado, él imponía sus ideas sobre gente que no las entendía o que no estaba de acuerdo con ellas. Así, mucha gente terminó resentida con él.

Rolland sólo pensaba en los aspectos positivos para Xalapa. Él imaginaba el estadio como el centro motor de su comunidad soñada. La idea era atraer a los diferentes sectores y clases de la sociedad para celebrar la misión de construir una mejor ciudad y un mejor país. En la mente de Rolland, la gente se congregaría para cantar el himno patrio y celebrar los logros deportivos de la nación rejuvenecida, dejando de lado las divisiones que la Revolución había creado. Su plan para el estadio mostraba su estrategia de alejarse de una visión política más confrontacional hacia una más conciliatoria, una estrategia que Alvarado había adoptado en Yucatán y que Jara estaba incorporando en su gobierno. Para que el país alcanzara un desarrollo pleno, había que alejarse de la violencia, el conflicto y la destrucción, para que las clases adoptaran un propósito común y aglutinante. Rolland creía en una reconciliación materialista, a través de una planificación de viviendas más justa y de espacios públicos que promovieran la salud y el orgullo común.31

El estadio, como otros componentes del proyecto más grande de Rolland, había sido influenciado por el panorama internacional. Los estadios habían existido desde los griegos y los romanos; además, un número importante de culturas precolombinas tenía campos para jugar a la pelota. Pero fue a fines del siglo XIX y a inicios del XX que se dio inicio a una nueva era en la construcción de los estadios. En parte, el diseño de estos edificios estaba influenciado por la popularidad de nuevos materiales como el acero y el hormigón armado. Atletas de catorce naciones participaron en las primeras olimpiadas modernas de 1896, celebradas en Atenas.32 Para este evento, el gobierno de Grecia ordenó la construcción de un número de instalaciones. Ingenieros y albañiles diseñaron y construyeron, también, imponentes estadios para las siguientes olimpiadas en Estocolmo (1912) y en París (1924). México participó en las olimpiadas de París, donde obtuvo reconocimiento continental. Aunque los mexicanos no ganaron ninguna medalla, muchos connacionales vieron su participación como un signo de que México era una de las naciones más desarrolladas de Latinoamérica, representando a la región a escala global.33 Por otra parte, en esas fechas en Estados Unidos se construyeron los estadios Memorial Coliseum, en Los Angeles (1923), y el Soldier Field, en Chicago (1924).34

El mismo año, los políticos mexicanos empezaron la campaña para construir grandes estadios e instalaciones deportivas, las mismas que reflejarían el nacionalismo mexicano y la importancia de seguir las tendencias de las naciones más desarrolladas del mundo. Como los escenarios olímpicos, los estadios mexicanos servirían como escenarios deportivos, además de ser vehículos de comunicación masiva y un espectáculo de modernidad. Los estadios se convertirían en sedes de manifestaciones masivas y de políticas populistas, en combinación con la transmisión radiofónica, para amplificar los discursos y la exhibición del carácter nacional y panamericano. Los estadios fueron símbolos del orgullo nacional, construidos con la intención de crear unidad, celebrar la juventud y ofrecer distracción y entretenimiento.

Uno de los proyectos masivos que más concentró la atención de los mexicanos fue la construcción del Estadio Nacional, en la Ciudad de México. Se trataba de un proyecto muy costoso, bajo la dirección de José Vasconcelos, destacado intelectual a quien el presidente Obregón había nombrado secretario de Educación Pública. Vasconcelos encargó al arquitecto José Villagrán García el diseño del estadio. A diferencia de Rolland, Vasconcelos detestaba los nuevos estilos arquitectónicos basados en las posibilidades plásticas del hormigón. Él quería un estadio a la imagen de los griegos y romanos, de mármol y de piedra, y se decepcionó de que el gobierno no pudiera cubrir los gastos. Vasconcelos y su arquitecto finalmente construyeron el estadio con hierro fundido y cemento, en una “mezcla absurda de estilos.”35 Diego Rivera estuvo a cargo de las decoraciones. Se inauguró el 5 de mayo, aniversario de la famosa batalla de Puebla de 1862, cuando el ejército mexicano derrotó a los franceses. Artistas y escritores de todo el país, incluyendo a los estridentistas, celebraron la construcción del estadio. Era un símbolo del nuevo orden revolucionario. El estadio se volvió el centro de presentaciones del presidente, incluyendo la toma de protesta de Calles. A diferencia del Estadio Xalapeño, el Estadio Nacional tuvo una vida corta. Empezó a tener averías a los meses de ser inaugurado y, tanto Vasconcelos como Villagrán García, se echaron la culpa uno al otro de estos desperfectos. En 1950, el presidente Miguel Alemán ordenó la demolición del estadio, ya que se había convertido en una amenaza para la seguridad pública.36

Rolland también quería rendir homenaje a los griegos y a los romanos pero, a la vez, diseñó su estadio para mostrarle al mundo las nuevas posibilidades del hormigón armado. A diferencia de Vasconcelos, Jara no tenía la intención de competir con Rolland por el diseño del estadio, que se erigiría con una belleza estética respetando la geografía local. El coloso con forma de herradura y techo en voladizo sería moderno y construido en una sola pieza de hormigón armado reforzado. Como había señalado en la revista Cemento Federico Sánchez Fogarty, uno de los grandes defensores de la arquitectura de hormigón, el estadio sería similar a una “colosal piedra de gran solidez, que parece haber sido esculpida por un mítico artífice”.37 En el extremo opuesto a los asientos y a la herradura, se erigieron columnas dóricas rematadas con figuras de gladiadores en bronce. Otras estatuas de atletas y de guerreros en estilo neoclásico rodeaban la estructura.38 Además del estadio y de su decoración, Rolland construyó tanques de agua y un sistema de drenaje hecho de túneles de hormigón armado, los cuales deseaba conectar a un proyecto más grande para drenar las aguas negras de la antigua ciudad de Xalapa. Para completar, él diseñó un moderno sistema de iluminación, consistente de luces de 153 y 500 watts; así se podrían celebrar eventos de día y de noche.39 La construcción del estadio empezó el 28 de junio de 1925. Rolland y aproximadamente 600 trabajadores –carpinteros, metalmecánicos, albañiles, capataces, ingenieros y diseñadores– construyeron el estadio en sólo setenta y siete días, lo que significó una proeza impresionante. Rolland ordenó la creación de una planta de fabricación de hormigón en el lugar de la obra, lo cual acompañaba al respectivo montaje de las vigas, los armazones y los moldes.40 Hernández Palacios, en ese entonces un estudiante de la Escuela Normal, recordaba que los obreros trabajaban con fervor y las excavadoras mecánicas se aprovechaban de la hondonada natural para darle vida al gran estadio.41 De acuerdo con otra fuente, los obreros trabajaron día y noche, esculpiendo el terreno y haciendo las preparaciones necesarias antes del vertido de 10 000 pies cuadrados de hormigón necesarios para la estructura que conformaría los asientos, el techo y las columnas respectivas.42

El estadio, sin embargo, representó un gasto oneroso. Aunque la administración de Jara y la prensa hablaban de un costo total de 350 000 pesos, que incluía personal y las ceremonias de inauguración, el costo real fue de más de 500 000 pesos. Sólo el techo costó 192 000 pesos.43 Para financiar el estadio y otros proyectos, Jara tuvo que imponer nuevos impuestos, algo que estaba en contra de los sentimientos georgistas de Rolland, además de forzar a las compañías petroleras del estado a las regalías, algo que no siempre se hacía pero que estaba dentro de las obligaciones de aquellas. Las acciones de Jara causaban tensión entre las empresas petroleras y la administración de Calles, acelerando el deterioro de las relaciones entre el presidente y el gobernador.44 A las vísperas de la ceremonia de inauguración del 20 de septiembre, un número grande de proveedores, obreros y empleados estatales protestaban porque se les debía dinero.45 En julio de 1926, cerca de un año después, Maples Arce estaba todavía negociando con los trabajadores sobre el problema de los sueldos atrasados.46 De la misma manera, el gobierno estatal tenía dificultades para pagar a profesores y burócratas.47 Los estadios eran buenos, pero los problemas para compensar a los trabajadores hacían de la armonía social un proceso difícil.

Se dice que la participación de la multitud en la inauguración del estadio fue apoteósica. Las calles de Xalapa zumbaban con anticipación, no sólo por el nuevo estadio sino por la llegada de los más importantes líderes de la nación. A pesar de las diferencias entre él, Jara y Rolland, el presidente Calles dio comienzo a la inauguración. Además de miles de invitados locales, había miembros de la Secretaría de Guerra y de Marina, de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de la Secretaría del Interior, de la Secretaría de Educación Pública y un número apreciable de generales. Las delegaciones diplomáticas de países como China, Suiza, Holanda, España, Francia, Perú, Japón, Chile, la Unión Soviética, Colombia, Checoslovaquia y Bélgica también se hicieron presentes. El presidente llegó en su auto hasta el centro del estadio, acompañado de María Luisa Apapcaio, la “reina de las celebraciones patrióticas”. Hablando ante un público que superaba las 20 000 almas, Calles felicitó a los gestores del gran logro mientras develaba la placa inaugural ante la alegría del público asistente.48 Luego, Rolland habló de su diseño y de su visión de un futuro brillante para Xalapa. Elogió la naturaleza, la ciencia y la educación: “Naturaleza y ciencia os ofrecen este templo. Cultivad espíritu y cuerpo pues sólo las razas educadas armónicamente guían a los pueblos”.49 El gobernador Jara, por su parte, elogió el nuevo estadio como un signo de progreso.50

La mayor parte de la inauguración tuvo como motivo central el elogio de la juventud, especialmente su entrenamiento militar y sus valores atléticos. La administración de Jara había ordenado a las escuelas proporcionar entrenamiento militar a sus alumnos. De acuerdo con uno de los participantes del evento, él y sus compañeros estaban orgullosos, pero no muy coordinados. Se vistieron con uniformes verde olivo y portaban rifles en los hombros. Llenos de ansiedad y abrumados por los vítores del público, les costaba mantener el ritmo mientras marchaban alrededor de la pista atlética para recibir los aplausos del gobernador, del presidente y del público.51 Destacaron los ejercicios patrióticos, la carrera de relevos y el juego de balón, en el cual los equipos empujaban una pelota gigante hacia la línea de meta del oponente.52

La revista estridentista Horizonte, fundada el siguiente abril por los estridentistas, regularmente celebraba el estadio y el cemento con el que fue construido. De hecho, la revista celebraba muchos de los conceptos que Rolland destacaba. La mayor parte de la edición de mayo de 1926, por ejemplo, fue dedicada a las ideas de Henry George. Incluía una traducción de un ensayo de George y otra de su promotor más famoso, León Tolstoi. 53 Otros números de la revista mostraban el estadio, junto con la estación de radio en construcción, como símbolo de progreso – el símbolo de Estridentópolis–. Maples Arce llamó al estadio audaz y hermoso.54 También elogió la “resistencia, durabilidad y economía” del cemento.55 Adulación y emoción irradiaban del desatacado escritor estridentista Germán List Arzubide, quien editaba Horizonte. En su ensayo “Construid un estadio”, List Arzubide aplaudía la importancia del estadio para unificar a la gente y mejorar las vidas de todos los residentes de Xalapa:

Levantad un estadio, como si levantarais el altar para una vida mejor y más fecunda de hombres buenos y fuertes.

Levantadlo estudiantes, para que vayáis allá en esfuerzo, a renovar vuestras ansias mutiladas por la vida parasitaria de las escuelas tortuosas.

Levantadlo obreros, para que allí recibáis distracción que alegra y enseña, liberándoos de la esclavitud del vicio.

Levantadlo empleador, que alguna vez, fortalecidos por el combate y la contemplación que encenderéis, tendréis ánimo para emprender una vida más libre y más digna.

Levantadlo maestros, con el anhelo de una juventud mejor, más optimista y más noble.

Levantadlo soldados, como una promesa de vida sobre el pasado de matanza y de crimen.

Levantadlo mujeres, para que allí os adiestréis en la futura lucha en que vais a ser también obreros; para que vuestros hijos reciban la fuerza y alimento de una vida más intensa.

Levantadlo todos; ofreced vuestros brazos y vuestros anhelos, vuestro dinero y vuestros cerebros; todos vosotros los que preparáis la vida y sin quererlo la mutiláis por falta de libertad que ofrecer.

Maestros, estudiantes, obreros, empleados, que vais por la vida como sombras de una gran noche de derrotas en que el mundo se ahoga de esperanzas, buscando inútilmente un camino mejor, levantad un estadio.56

Aquí List Arzubide hizo eco de las nociones de Rolland sobre la función última del estadio. A través de los avances tecnológicos, del desarrollo material compartido y del urbanismo progresista, la gente se uniría entre las diferentes clases, niveles de educación y a pesar del pasado conflictivo, para levantar una mejor y más unificada sociedad. En esta ocasión, Rolland parece haber tenido éxito. Como lo señalaba más tarde una historiadora: “El estadio construido en 1925 fue el teatro por excelencia de esta reconciliación simbólica”.57 El estadio unió a la gente.

En cambio, el resto de la visión que Rolland tenía para Xalapa resultó menos exitosa. La política inestable de la época, combinada con el alto costo del estadio y con los numerosos proyectos de obras públicas en marcha, socavaron los objetivos de la administración de Jara y, con ello, los de Rolland. El gobierno del estado aumentó el déficit, creando un número de detractores a nivel local, nacional e internacional. Como resultado, el desarrollo de la deseada nueva universidad, la Universidad Veracruzana, se atrasó. La administración empezó el proyecto a fines de 1925, pero pasarían 18 años para que estuviera en funcionamiento real. Menos exitoso aún fue el proyecto de la ciudad jardín, que nunca llegó a concretarse. Al parecer, el plan fue abandonado porque no había presupuesto para convertir la idea en realidad. Si alguna vez hubo deseo de concretar el proyecto, todo este deseo se esfumó para 1927. En medio de la rebelión cristera y de la fracasada revuelta de Francisco Serrano y Arnulfo Gómez, que afectaron al estado durante la campaña del general Obregón por un segundo mandato, los oponentes de Jara en el congreso estatal acabaron con su gobierno en los últimos días de septiembre de 1927.58 Jara no contó con el apoyo de Calles. Maples Arce, destituido junto con el gobernador, escapó después de recibir amenazas de muerte.59 Rolland estaba orgulloso de su estadio, pero se dio cuenta de que no había forma de que su visión de modernidad fuera a concretarse en Xalapa. Entonces, decidió emigrar, para concentrarse en sus proyectos particulares en otros lugares y en su vida familiar.

El legado de Rolland en Xalapa, más que cualquier otro de sus proyectos, lo ubicó directamente dentro del mundo de los visionarios utopistas, de los planificadores modernistas e, incluso, de los poetas futuristas. Rolland había sido propulsor de la arquitectura de hormigón por dos décadas, pero el Estadio Xalapeño fue el primer proyecto en el cual demostró su diseño estético del cemento armado.

En oposición a los elementos clásicos que influyeron en la construcción de otros estadios, el diseño de Rolland de un poderoso estadio de hormigón armado con techo en voladizo fue celebrado por estridentistas mexicanos y arquitectos modernistas por ser audaz y poderoso. En sintonía con otros ingenieros y arquitectos de la época, Rolland pensó el estadio como un elemento destacado en urbanismo más integrador; el estadio sería el lugar que, literalmente y figurativamente, congregaría a la gente de clases sociales diferentes –el centro de una ciudad letrada y ciudad jardín basada en la educación, la justicia, la limpieza, el ejercicio físico, la eficiencia y la interconectividad.

Los planes de Rolland para la ciudad jardín de Xalapa también muestran cómo él aglutinó diferentes influencias intelectuales. Aunque fue motivado por las tendencias modernistas que se desarrollaban en Europa y en Estados Unidos, Rolland también había sido influenciado por las visiones progresistas y utópicas de fines del siglo XIX como Ebenezer Howard (y sus admiradores norteamericanos) y su intento de construir comunidades cooperativas basadas en recursos compartidos, nuevas tecnologías e impuestos simplificados en nuevos diseños suburbanos. Howard, a su vez, se inspiró en visionarios anteriores. Él había sido precedido por los utopistas franceses como Henri de Saint-Simon y el escritor ruso del siglo XIX Nikolai Chernyshevsky, quien quería que los rusos se convirtieran en “la nueva gente” a través de la aceptación de la modernidad en los poblados rurales y en las periferias urbanas.

Marshall Berman llama a la visión de Chernyshevsky el “sueño de la modernización sin urbanismo. La nueva antítesis […] [un] mundo supertecnológico, autónomo y suburbano, planeado y organizado completamente […] controlado y administrado exhaustivamente y, por lo tanto, más agradable y ventajoso que cualquier metrópoli moderna jamás concebida”.60 Chernyshevsky imaginó un gran salto de una sociedad feudal a una socialista, una visión que influenciaría a los revolucionarios rusos –aunque ellos rechazarían el sueño de Chernyshevsky por un programa más comunista y urbano–. Una de las grandes influencias de Howard fue Henry George. Era algo que Howard y Rolland tenían en común y que seguramente influyó en la adopción de Rolland del modelo de ciudad jardín.

El legado de Rolland en Xalapa, por lo tanto, muestra una interesante combinación de diseños progresistas, utópicos y modernistas. El estadio, alabado en México por las revistas de arquitectura moderna, se corresponde con la visión modernista de sus contemporáneos en otros países, como las de Le Corbusier, Frank Lloyd Wright, John y Donald Parkinson –estos últimos, padre e hijo, quienes diseñaron el Coliseum de Los Angeles–. Las ideas de Rolland sobre urbanismo, sin embargo, estaban influidas por visionarios de fines del siglo XIX, quienes habían sido advertidos sobre los aspectos negativos de la urbanización de las naciones subdesarrolladas. Rolland se empapó de estas tendencias y tomó prestado de su propia educación de fines del siglo XIX, su experiencia con algunos progresistas estadounidenses, más su interacción con la ingeniería moderna, la nueva arquitectura y las nuevas tendencias de construcción de estadios. El estadio, pues, resumió todo lo que había aprendido en un diseño que le era cómodo, pero también identificado con el contexto específico de México, al cual Rolland vio como un país en tránsito hacia una sociedad más moderna, urbana e industrial –un país donde los intelectuales estaban enfocados en desarrollar una nación moderna y eliminar, así, las diferencias culturales, idiomas y los legados de los conflictos entre las facciones revolucionarias.

Apenas despedido de su puesto en el gobierno federal en la Ciudad de México, en 1924, Rolland llevó toda su vitalidad e ingenio a Xalapa con su diseño de la ciudad jardín, la universidad y la construcción de un estadio con impresionante eficiencia. Esto demuestra su capacidad de adaptarse a situaciones difíciles, pero también la importancia de sus contactos políticos a nivel nacional, los mismos que sobrevivieron a la era constitucionalista. De un lado, el estadio mostró que Rolland era capaz de obtener grandes logros cuando un gobierno apoyaba sus proyectos y no interfería con su trabajo. De otro lado, el fracaso de llevar a realidad el proyecto de ciudad jardín muestra sus limitaciones para plasmar su visión en su país. El financiamiento, sobre todo, fue muy difícil de obtener. Jara tenía dificultades para pagar a los trabajadores que levantaron el estadio, los mismos trabajadores que se iban a beneficiar con el proyecto de la ciudad jardín, mismo que el gobierno de Veracruz no pudo financiar. Además de los problemas con el dinero, todavía se resentían los efectos del ambiente revolucionario. Mientras el asesinato de Obregón y las revueltas continuaron afectando México, los conflictos políticos conllevaron a la salida del gobierno del general Jara. Rolland, sin embargo, siguió devoto al progreso y, además, enamorado de las montañas de Veracruz, esperanzado en una mejor vida en la tierra de la eterna primavera.

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1 Profesor de historia en la Universidad de Arkansas. Doctor por la Universidad de Oklahoma. Sus líneas de investigación son Historia de América Latina, Historia de México, Tecnología y Cultura.

2 Manuel Maples Arce, T. S. H. El poema de la radiofonía, en El Universal Ilustrado, 5 de abril de 1923, p. 19. T. S. H. es un acrónimo para telegrafía sin hilos. Esta es sólo una pequeña parte del poema completo

3 Manuel Maples Arce, Soberana juventud, pp. 1-54

4 J. Justin Castro, “Sounding the Mexican Nation: Intellectuals, Radio Broadcasting, and the Revolutionary State in the 1920s,” The Latin Americanist, pp. 4-8.

5 Tejeda fue un popular y polémico gobernador revolucionario que precedió y sucedió a Jara; fue gobernador en 1920-1924 y 1928-1932.

6 Hubonor Flores Ayala, “Adalberto Tejeda, biografía de un agrarista radical,” Abel Juárez Martínez (coord.), Veracruzanos en la independencia y la revolución, pp. 301-312.

7 Manuel Maples Arce, op. cit., pp. 183-191.

8 En la década de 1920 la manera predominante de escribir el nombre de la ciudad fue Jalapa, con jota. Entonces, el estadio fue el Estadio Jalapeño. Uso la equis para ajustarme al uso del siglo veintiuno.

9 Aureliano Hernández Palacios, Xalapa de mis recuerdos, p. 13.

10 Lynda Klich, “Estridentópolis: Achieving a Post-Revolutionary Utopia in Jalapa”, Journal of Decorative and Propaganda Arts, p. 117; Elissa Rashkin, The Stridentist Movement in Mexico: The Avant-Garde and Cultural Change in the 1920s, p. 170; Aureliano Hernández Palacios, op. cit., p. 17.

11 “Calles Abolishes Mexican Free Ports”, Oakland Tribune, 30 de abril de 1925, p. 1.

12 María del Rosario Juan Mendoza, “Heriberto Jara Corona, memorias de sus batallas por instaurar une legislación acorde con las necesidades de los trabajadores,” Abel Juárez Martínez (ed.), Veracruzanos en la independencia y la revolución, pp. 342-344.

13 Heriberto Jara, citado en Carlos Zapata Vela, Conversaciones con Heriberto Jara, pp. 57-58; Jorge M. Rolland, “Estadio Xalapeño Heriberto Jara Corona”, Relatos e historias en México, p. 72; María del Rosario Juan Mendoza, op. cit., pp. 336-37.

14 Carlos Zapata Vela, Conversaciones con Heriberto Jara, pp. 57-58.

15 Lynda Klich, “Estridentópolis: Achieving a Post-Revolutionary Utopia in Jalapa”, Journal of Decorative and Propaganda Arts, pp. 117-118; Rubén Gallo, Mexican Modernity: The Avant-Garde and the Technological Revolution, pp. 205-207. El nombre oficial del estadio en la actualidad es Estadio Heriberto Jara Corona, en honor al gobernador, pero es más conocido como el Estadio Xalapeño.

16 J. M. Rolland, “Estadio Xalapeño Heriberto Jara Corona”, Relatos e historias en México, p. 72.

17 Modesto C. Rolland, Jalapa-Enríquez, sus obras: la universidad, el estadio, la ciudad jardín, p. 1

18 “Estadio Xalapeño, 90 años de resistir el tiempo”, El Heraldo de Xalapa, 17 de agosto de 2015, p. 4.

19 Aureliano Hernández Palacios, op. cit., p. 13.

20 Correo electrónico de Jorge M. Rolland C. a J. Justin Castro, 11 de abril, 2016.

21 Aureliano Hernández Palacios, op. cit., pp. 31, 35.

22 Andrew Grant Wood, “Adalberto Tejeda of Veracruz: Radicalism and Reaction”, State Governors in the Mexican Revolution, 1910-1952: Portraits in Conflict, Courage, and Corruption, pp. 77-79. También véase Andrew Grant Wood, Revolution in the Street: Women, Workers, and Urban Protest in Veracruz, 1870-1927.

23 Modesto C. Rolland, Jalapa-Enríquez…, op. cit., pp. 1-2.

24 Horatio M. Pollock y William S. Morgan, Modern Cities, pp. 1-12. Para examinar las ideas de Rolland sobre urbanismo y gobierno, véase Modesto C. Rolland, El desastre municipal en México. La primera edición fue escrita a principios de la década de 1920, antes de que Rolland llegara a Xalapa.

25 Jara vagamente discute sus creencias ideológicas en Zapata Vela, Conversaciones con Heriberto Jara, pp. 173-175.

26 Peter Hall, Cities of Tomorrow: An Intellectual History of Urban Planning and Design in the Twentieth Century, p. 87.

27 Howard, To-morrow, p. 140. Esta cita también aparece en Peter Hall, Cities of Tomorrow, p. 94.

28 Peter Hall, Cities of Tomorrow, p. 96

29 No hay mucha investigación sobre la influencia del movimiento de la ciudad jardín en Latinoamérica, pero sí existe una impresionante bibliografía de la influencia del movimiento en Europa y en Estados Unidos. Véase Peter Hall, op. cit.; Leo Marx, The Machine in the Garden: Technology and the Pastoral Ideal in America; Howard Gillette Jr., Civitas by Design: Building Better Communities, from Garden Cities to the New Urbanism; Daniel Schaffer, Garden Cities for America: The Radburn Experience; Anthony Sutcliffe (ed.), The Rise of Modern Urban Planning, 1800-1914 y Anthony Sutcliffe (ed.), Metropolis, 1890-1940.

30 Modesto C. Rolland, Jalapa-Enríquez…, op. cit., p. 3.

31 Elissa Rashkin, op. cit., p. 172.

32 “Athens 1896”, disponible en: http://www.olympic.org/athens-1896-summer-olympics, consultado el 22 de abril de 2016.

33 “Paris 1924”, disponible en: http://www.olympic.org/paris-1924-summer-olympics, consultado el 22 de abril de 2016; Celestino Herrera Frimont, “La revolución y la educación física”, Horizonte, pp. 13-14; Rubén Gallo, op. cit., p. 202.

34 Robert C. Trumpbour, The New Cathedrals: Politics and Media in the History of Stadium Construction, p. 11.

35 Rubén Gallo, op. cit., p. 204.

36 Rubén Gallo, op. cit., pp. 201-26. Gallo proporciona un capítulo entero sobre estadios, en el que se refiere al Estadio Xalapeño, pero ofrece más análisis sobre el Estadio Nacional.

37 Federico Sánchez Fogarty, citado en Rubén Gallo, op. cit., p. 184.

38 “Estadio Xalapeño”, El Heraldo de Xalapa, 17 de agosto de 2015, p. 4; J. M. Rolland, Estadio Xalapeño…, op. cit., p. 74.

39 Modesto C. Rolland, Jalapa-Enríquez…, op. cit., p. 3.

40 Ibid., pp. 3, 10.

41 Aureliano Hernández Palacios, op. cit., p. 26.

42 J. M. Rolland, Estadio Xalapeño…, op. cit., pp. 71-74.

43 Carta de Modesto C. Rolland a Heriberto Jara del 30 de septiembre de 1925, Gobernación, Archivo General del Estado de Veracruz.

44 Lynda Klich, op. cit., p. 118.

45 Ibid., p. 119.

46 Manuel Maples Arce, “La Convención Azucarera”, Horizonte, pp. 17-19.

47 María del Rosario Juan Mendoza, op. cit., pp. 342-345.

48 “El Sr. Presidente inauguró ayer el estadio de Jalapa”, Excélsior, 21 de septiembre de 1925, Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca (FAPECFT), fondo Joaquín Amaro, exp. 165, inv. 476, leg. 6/12.

49 Modesto C. Rolland, citado en J. M. Rolland, op. cit., p. 74.

50 “El Sr. Presidente inauguró ayer el estadio de Jalapa”, Excélsior, 21 de septiembre de 1925, FAPECFT, fondo Joaquín Amaro, exp. 165, inv. 476, leg. 6/12; Lynda Klich, op. cit., p. 119.

51 Aureliano Hernández Palacios, op. cit., pp. 25-27.

52 Lynda Klich, op. cit., p. 119.

53 Henry George, “Vena a nos él tu reino”, Horizonte, 1, núm. 2 (mayo), pp. 11-14, 1926; León Tolstoi, “La única solución posible de la cuestión agraria”, Horizonte, 1, núm. 2 (mayo), pp. 19-22, 1926.

54 Manuel Maples Arce, citado en J. M. Rolland, op. cit., p. 75

55 Manuel Maples Arce, “Nuevas ideas. La estética del sidero-cemento”, Horizonte, 3 (junio), pp. 9-11, 1926.

56 Germán List Arzubide, “Construid un estadio, mensaje a la provincial”, Horizonte, núm. 1 (abril), pp. 9-11, 1926.

57 Elissa Rashkin, op. cit., p. 172.

58 Elissa Rashkin, “La arqueología de Estridentópolis”, Horizonte (1926-1927), edición facsimilar, pp. XXVII-XXXI, Colección Revistas Literarias Mexicanas Modernas, FCE/INBA/Gobierno del Estado de Veracruz/UV, 2011.

59 Manuel Maples Arce, op. cit., pp. 206-210.

60 Marshall Berman, All that is Solid Melts into the Air: The Experience of Modernity, p. 244

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