ISSN2448-4954

No. 10, Año 6

Enero- Julio 2019

https://doi.org/10.25009/blj.v0i10.2570

La prensa cubana y la crisis de 1990

The Cuban Press and the Crisis of 1990

Laura Roque Valero [1]

https://orcid.org/0000-0002-5026-6451

RESUMEN: Cuando cayó el campo socialista, en Cuba inició una profunda crisis económica, frente a la que los medios de prensa asumieron un posicionamiento particular. Este artículo usa el análisis del discurso de nueve trabajos de opinión sobre temática social publicados en los periódicos Granma (de circulación nacional),5 de Septiembre (de la provincia Cienfuegos) y Sierra Maestra (de la provincia Santiago de Cuba), para poder entender cómo los medios de la época trataron esta situación. Se argumenta que, desde una mirada parcializada, pusieron énfasis en escasas problemáticas de la gran gama de dificultades que vivió la población cubana en 1993, considerado por muchos el año más difícil del entonces llamado Periodo Especial. En este artículo se realiza una comparación entre los valores que defendieron estos medios, uno de ellos como medio nacional y los otros desde sus respectivos territorios, pero los tres como órganos oficiales del Partido Comunista de Cuba.

PALABRAS CLAVE : prensa, Cuba, crisis, análisis de discurso.

ABSTRACT: With the fall of the socialist bloc, a deep economic crisis arose in Cuba, in response to which the Cuban media assumed a specific position. This article uses discursive analysis of nine socially-oriented opinion pieces published in the newspapers Granma (national circulation), September 5 (Cienfuegos province) and Sierra Maestra (Santiago de Cuba province) in order to shed light on the ways in which the press of those years interpreted the situation. It argues that the papers took up a partial perspective and emphasized only a few out of the wide range of difficulties that the Cuban people experienced in 1993, widely considered to be the most difficult year of the so-called Special Period. This article compares the values ​​defended by the three newspapers, one of them a national forum and the others from their respective territories, yet all three official organs of the Communist Party of Cuba.

KEYWORDS: press, Cuba, crisis, analysis.

La prensa cubana y la crisis de 1990 [2]

Introducción

¿Por qué alguien habría de interesarse en estudiar la ideología de los periódicos cubanos si se conoce de antemano que estos responden al poder hegemónico? ¿Para qué volver la mirada 25 años atrás cuando ya sería poco viable comprobar con los lectores la aceptación o no de los contenidos publicados? Podría incluso cuestionarse si en realidad cambió la postura de los medios de prensa durante la crisis económica del decenio 1990. Según el investigador cubano Julio García Luis, desde el triunfo mismo de la Revolución los medios de prensa se plegaron a las políticas de Estado y asumieron el rol de instrumentos, esperando las más de las veces pacientemente por las orientaciones para elaborar el plan de trabajo semanal.

Uno de los periodistas cienfuegueros entrevistados para este trabajo de investigación sentenció: “Cuando alguien vaya a consultar dentro de 20, 30, 40, 50, 60 años los periódicos de antes del Periodo Especial, los del Periodo Especial y los de después, no va a encontrar la realidad cubana porque es una de las carencias que tienen nuestros medios…”. [3] Otro de los reporteros consultados dijo: “Si la historia nos va a juzgar, nos va a llevar bastante recio y va a tener toda la razón del mundo, en el sentido de que, como registro histórico, no van a encontrar ese periodo tan traumático; en las páginas amarillentas de los periódicos no lo van a encontrar”. [4] Así parece que, como diría Eduardo Galeano, la historia oficial nos roba la memoria. En la propia carencia de datos del periodo, en las supuestas fallas de la prensa, hallamos las primeras razones para investigar, profundizar en los años grises del Periodo Especial.

La forma en que contamos el mundo pasa por una decisión política, ideológica y, en último caso, social. Interesa conocer por qué los periódicos de la época asumieron determinado posicionamiento ideológico y no otro, qué estructuras del discurso periodístico revelan esa postura ante una realidad de profunda crisis, qué palabras se emplearon y cuáles se evitaron, cómo a través de estas estructuras la prensa ponderaba unas actitudes y censuraba otras.

Las evidencias, esos elementos de prueba que servirán para demostrar que la prensa ofreció una versión parcializada de la realidad, están en la colección de periódicos del año 1993, disponible en la Biblioteca Nacional de Cuba. Habrá que acudir además a la memoria de los periodistas que ejercieron la profesión durante esa etapa y a múltiples investigaciones que, desde la economía, la psicología y los estudios de género, aportan otras perspectivas del Periodo Especial.

1. Estado del arte

Para conocer hasta qué punto, desde qué posturas y con cuánta exhaustividad se ha estudiado en Cuba la prensa durante el Periodo Especial, no basta con sumergirse en el buscador de Google o en repositorios digitales de revistas, libros, catálogos o tesis. La búsqueda se complejiza con el requerimiento de la presencia; hay que visitar el país o simplemente estar ahí. Las condiciones de difícil acceso a internet ‒o de acceso limitado como sucede en algunas universidades‒ impiden que las investigaciones estén disponibles en la red de redes.

Si salimos del universo de las tesis, hallamos revistas digitales especializadas en Ciencias Sociales y Humanidades, como el caso de Islas, de la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas, donde se han publicado artículos relacionados con los estilos y géneros periodísticos, así como sobre el rol de los medios en la construcción social de la realidad. Pero, de manera general, podemos asegurar que el Periodo Especial ha sido objeto de estudio con más frecuencia desde la perspectiva de las ciencias económicas, como puede corroborarse con una simple búsqueda en la revista Temas. Cultura, ideología y sociedad y su blog Catalejo.

Tras compartir este itinerario de búsqueda o rastreo de antecedentes, aterricemos en los resultados de tales pesquisas. Se revisaron alrededor de cien tesis de la Universidad de La Habana, cuyos criterios de selección fueron estudios históricos de la prensa, análisis del discurso y periodismo impreso. Esta cantidad incluyó tesis de licenciatura, maestría y doctorado realizadas hasta 2018. Se corroboró que el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, Granma, no ha sido estudiado exclusivamente desde el ámbito periodístico, en cuanto a cuestiones relacionadas con el ejercicio de la profesión, sino también en vínculo con sucesos de la política, la economía y la sociedad. Sin embargo, hasta aquí no se ha encontrado nada relevante, ni alguna coincidencia medular con lo que nos proponemos hacer.

Dos tesis merecen en este punto toda la atención: Periodismo de resistencia en tiempos complejos, de Betsys Pompa, y Soldado de papel en Periodo Especial, de Neisy Martínez. Ambas investigaciones se ocupan del periódico Granma; en específico, de los trabajos de temas económicos que publicó este órgano entre 1993 y 1994, en el primer caso, y de 1991 a 1994, en el segundo. Coinciden con nuestra propuesta en cuanto el objeto de investigación, la temporalidad y el énfasis en la postura ideológica. Estos casos son, hasta el momento, los más cercanos que hemos hallado respecto al tema de investigación que defendemos. En ninguno de los dos se analizan los trabajos de temáticas sociales, ni se compara con otros medios de prensa en cuanto a similitudes y diferencias.

Los periódicos 5 de Septiembre [5] y Sierra Maestra, en tanto medios provinciales, han sido objetos de investigación desde otras inquietudes. En las sedes provinciales de la Unión de Periodistas de Cuba, en Cienfuegos y en Santiago de Cuba, se guardan los bancos de tesis relacionadas con los medios de prensa de cada territorio, así como en las bibliotecas de la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas, y de la Universidad de Oriente, donde se forman los periodistas que trabajarán en ellos.

La opinión, el comentario, la representación social de los periodistas, la fotografía de prensa, los titulares, el discurso periodístico en el perfeccionamiento del sistema político cubano, las rutinas productivas e ideologías profesionales han constituido temas de investigación asociados a estos periódicos, por lo que se concluye que han sido poco valorados como fuente de estudio en la etapa de Periodo Especial y como objetos del análisis ideológico del discurso.

Lamentablemente, escasas tesis se convierten en libros o en artículos divulgados en revistas especializadas. La mayoría queda engavetada o en los catálogos de las bibliotecas de cada universidad. De ahí la importancia de localizar lo poco que ha salido impreso por alguna editorial cubana y que nos pueda ofrecer una visión más global de los fenómenos que nos proponemos investigar. La Pablo de la Torriente Brau, editora de la Unión de Periodistas de Cuba, sacó a la luz el texto Revolución, socialismo, periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI del doctor en Ciencias de la Comunicación Julio García Luis. Respaldado por su experiencia como periodista del Granma, profesor y decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, fue de los que sistematizaron en el país los estudios sobre la historia de la prensa cubana en el periodo revolucionario. Todo el libro se fundamenta en una pregunta: ¿es viable una alternativa revolucionaria y socialista al modelo de prensa liberal que no encaje a su vez en un patrón ideológico decimonónico o en uno de tipo soviético o de prensa de Estado? Claramente, la respuesta a la interrogante es que Cuba y sus periodistas no han logrado un producto comunicativo superior a los modelos antes mencionados.

Lo más interesante del libro, para nuestros fines, es que el profesor apenas aborda en cinco o en seis páginas lo ocurrido en el decenio de 1990. Menciona cifras, aborda el impacto político, ideológico y psicológico de la crisis, para dedicar el capítulo siguiente a las repercusiones que veinte años después dejó el Periodo Especial en la prensa. Este apartado, por supuesto, no deja de interesarnos, porque identifica las consecuencias de la “asimetría de poder en las relaciones de los medios con el sistema político, las instituciones del Estado y la Administración, y al menos con una parte de la sociedad civil” (García, 2013: 138).

Antes de continuar, es preciso aclarar la temporalidad de la investigación. No se da por sentado que la prensa cubana sufrió una transformación en 1993. La selección de este año responde sobre todo al contexto, donde sí se registraron cambios, por ejemplo, en la Constitución de la República y en las formas de propiedad socialista que hasta entonces se consideraban en esencia estatales, y cuya concepción tuvo que variar como consecuencia de la crisis. Se despenalizó la tenencia de divisas, razón por la que varias personas cumplían condena en prisión. Algunos cubanos, en un ejercicio de memoria colectiva, han calificado 1993 como el año más duro del Periodo Especial, etapa cuyo fin hasta ahora no se ha identificado. De tal suerte, se reúnen motivos para averiguar por qué la prensa optó por desentenderse en muchas ocasiones de una realidad tan rica en matices y con cambios tan sustanciales; por qué perdió la oportunidad de ofrecer profundos análisis de la situación a sus lectores.

También puede corroborarse en los registros del Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, celebrado en el año en cuestión, que las tiradas de los periódicos se redujeron, al igual que la frecuencia de publicación; muchos pasaron de diarios a semanarios, y así se mantienen hoy. A la carencia de tinta y de papel, se sumó la reducción de plantillas: ya no había espacio para tantos periodistas en un periódico que solo se publicaba una vez a la semana, en lugar de todos los días. El cambio en la frecuencia trajo consigo una readecuación de los géneros periodísticos. La noticia, por ejemplo, perdió todo sentido conceptual en un semanario, cuando ya la radio y la televisión la habían publicado y le habían dado seguimiento. Por eso, los periodistas se inclinaron por los géneros de opinión; y justamente esos conformarán la muestra de investigación, porque contienen de manera más explícita un posicionamiento ideológico.

2. Enfoque teórico-metodológico

En cuanto al enfoque teórico-metodológico, trabajaremos a partir de la propuesta del doctor Teun A. van Dijk, quien considera que las ideologías “… consisten en representaciones sociales que definen la identidad social de un grupo, es decir, sus creencias compartidas acerca de sus condiciones fundamentales y sus modos de existencia y reproducción” (Van Dijk, 2005: 2). De ahí que identifica dos grupos, el ingroup, grupo cuya ideología se comparte, y el outgroup, grupo cuya ideología se rechaza. Aclaremos que para este autor tampoco los discursos son transparentes, ni podemos extraer de ellos los posicionamientos ideológicos con apenas una lectura. El asunto es mucho más complejo:

Así, presumimos que el discurso ideológico es generalmente organizado por una estrategia general de autopresentación positiva (alarde) y la presentación negativa del otro (detracción). Esta estrategia puede operar en todos los ámbitos, de tal manera, generalmente que se hace énfasis en nuestras cosas buenas y se desestiman nuestras cosas malas y se hace lo contrario con los Otros, cuyas cosas malas serán destacadas, y de quienes las cosas buenas se empequeñecerán, se esconderán o se olvidarán (Van Dijk, 2005: 20).

Las pautas anteriores conforman un Cuadrado Ideológico que marca la polarización ideológica de los sujetos que intervienen en el discurso. Entre las proposiciones de su teoría, destacan las tres dimensiones que reconoce en el discurso: “… el uso del lenguaje; la comunicación de creencias (cognición) y la interacción en situaciones de índole social…” (Van Dijk, 2003: 23). Así, conecta el contexto con el discurso y este con la ideología a través del concepto de cognición social, por el vínculo de las estructuras ideológicas y el conocimiento con las opiniones socialmente compartidas. Sostiene que las estructuras ideológicas de un discurso pueden identificarse a través de:

· Pertenencia al grupo: ¿quiénes somos?, ¿quién pertenece al grupo?, ¿a quién podemos admitir?

· Actividades: ¿qué hacemos, planteamos?, ¿qué se espera de nosotros?

· Objetivos: ¿por qué hacemos esto?, ¿qué queremos conseguir?

· Normas: ¿qué es bueno o malo, permitido o no en lo que hacemos?

· Relaciones: ¿quiénes son nuestros amigos o enemigos?, ¿qué lugar ocupamos en la sociedad?

· Recursos: ¿qué tenemos que los demás no tengan?, ¿qué no tenemos que los demás tienen? (Van Dijk, 2003: 40).

Como metodología de análisis, Van Dijk también sugiere detenerse en la semántica y propone un análisis de las macroestructuras del texto para identificar los tópicos o temas y su jerarquización. Esto consiste en aplicar unas macrorreglas de reducción que permiten identificar el tema del discurso, o macroproposición global como él lo define, sin dejar de atender al carácter troceado del discurso periodístico que comienza, por lo general, con lo más trascendente.

Las estructuras superficiales del discurso también deben ser cuidadosamente observadas por el analista. Entre estas se incluyen las gráficas, relacionadas con la fotografía, la ubicación en página de la noticia, el empleo de caricaturas, los colores, la forma de presentación de los titulares, etc. Las léxicas se ocupan de la selección de las palabras, en función de las opiniones o creencias que se defiendan. Las sintácticas comprenden el tipo y las formas de organización de las oraciones y, por último, las retóricas, que develan las funciones persuasivas del discurso a través de recursos como la metáfora, la hipérbole o el símil.

En este artículo analizaremos nueve trabajos periodísticos de temática social publicados en tres periódicos que corresponden a las tres zonas en que se divide Cuba: el Sierra Maestra, que se edita desde el oriente del país, en Santiago de Cuba, denominada Ciudad Héroe y la segunda ciudad más importante del país después de la capital; el 5 de Septiembre, que pertenece a Cienfuegos, en el centro de la isla y donde se gestaba la obra más importante del siglo XX cubano, la Central Electronuclear, proyecto que se detuvo con el derrumbe del campo socialista y que nunca más se ha podido retomar; y el Granma, único de circulación nacional y con frecuencia diaria, que se gesta en La Habana y es el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Siguiendo las líneas de la propuesta teórico-metodológica de Van Dijk, en estos nueve trabajos publicados en el año 1993 identificaremos quiénes se consideraban miembros del grupo ideológico que defendía la Revolución y quiénes se incluían entre los que merecían rechazo y desaprobación por discordar con esos principios revolucionarios. El análisis semántico nos permitirá plantear los temas del discurso periodístico, y la consideración de las estructuras superficiales nos informará sobre la ubicación en página, el empleo de fotos u otros recursos gráficos, el uso o no del color, y nos dirá sobre las estructuras sintácticas y las retóricas, cómo se empleaban y en función de qué. Por tanto, entendemos que no solo el cuerpo del artículo aporta datos sobre el tratamiento de las temáticas sociales, sino que su posicionamiento dentro del periódico ofrece información sobre la importancia que, desde el punto de vista editorial, se les concedía a estos asuntos.

Para efectos de esta investigación no importa si el periodismo ni siquiera era tal. No interesa juzgar si solo se trataba de un ejercicio de relaciones públicas o de propaganda política. Importa la postura ideológica del periódico, esa que asumió ante la crisis, como institución portadora de una cosmovisión particular de la realidad. Pasados veintitantos años, algunos dirán que las locuciones de los periódicos lograron lo que pretendían: adoctrinar, porque la Revolución aún sigue en pie. Pero habría que preguntarse si existió o si ha existido hasta hoy tal efecto, porque la gente ciertamente se cansa de los discursos.

En Cuba no se publicaban ni se publican, al menos no impresos, otros periódicos diferentes a estos órganos del Partido Comunista de Cuba, por lo que podemos concluir que en mayor o en menor medida sí se leyeron, aunque la razón solo haya sido conseguir un poco de entretenimiento. En la sociedad cubana de 1993, había poco o ningún acceso a otras fuentes de información alternativas a las estatales. El periodista, como instrumento o engrane entre la población y las fuentes de información, cumplía el rol dictado por el gobierno; pero esto no excluye la individualidad ni el conocimiento: los periodistas guardan en la memoria más de lo que está escrito en las páginas de los periódicos.

3. Periodo Especial, un contexto de crisis

Los cubanos tenemos la costumbre de emplear eufemismos para evadir un asunto tabú o para suavizar un fenómeno u objeto cuya envergadura rebasa los límites de lo que podemos o estamos dispuestos a tolerar. Con la caída del campo socialista, el empleo de este recurso creció. Tanto así que la caída de la Unión Soviética no fue tal, sino que esta se desmerengó. El término desmerengamiento, muy coloquial en la cotidianidad del cubano, transforma en la mente humana la noción de que algo se cae de manera abrupta y la cambia por la imagen de que el bloque socialista se desvanece como un merengue. En gran medida, el uso de este y de otros términos se le debe a Fidel Castro, quien no solo intentó mantener con vida la Revolución cubana, sino que apeló a formas como estas para minimizar el impacto de una realidad mucho más compleja. La crisis económica cubana, llamada Periodo Especial, se considera una etapa de guerra en tiempo de paz.

Otra definición de esta etapa nos la ofrece el periodista Omar George Carpi, Premio Nacional de Periodismo José Martí: “… si alguna vez se llamó Periodo Especial es porque se atuvo a toda una estrategia del Estado de, ante una situación de desamparo extrema como la que llegó a tener Cuba, sin aliados, sin fuentes de importación, ni mucho menos de exportación, se llega a lo que se llamó una opción cero; la opción cero era cero comida, cero combustible, cero transporte, era realmente volver casi a la etapa de las cavernas”. [6]

Al desastre ideológico que significó el derrumbe de un paradigma para los cubanos dedicó sus reflexiones el intelectual Fernando Martínez Heredia, quien se refirió a las consecuencias de la ruina del llamado socialismo real y a las dos lecciones que dejó para los cubanos: “… qué decisivo era el exterior para nosotros; y qué necesidad tan vital teníamos de reconocernos y revisarnos en busca de nuestra propia fuerza e identidad. Fuimos muy dependientes de un centro de poder e ideológico que nos era ajeno, y que en su discurso y sus ritos escondía a un sistema de dominación en descomposición” (Martínez, 1995: 11). Martínez instó a poner en movimiento una vez más la producción intelectual cubana y a comenzar un proceso de revisión interna desde la autoidentificación y la búsqueda de vías para salir adelante con los recursos y las posibilidades propias. Este autor será clave para el estudio que se pretende.

Un informe ejecutivo del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (cips) identifica los impactos de la crisis en el empleo, la percepción de los cambios, las modificaciones en las relaciones de trabajo y la subjetividad asociada al trabajo en cuatro provincias del país. Adscrita a este mismo centro, Mayra Paula Espina Prieto profundiza en la igualdad, la desigualdad y en procesos de complejización de la sociedad cubana a raíz de la crisis. Indaga en las diferencias sociales que fueron acrecentadas por la crisis, el empobrecimiento de un sector de la población cubana, el abismo económico entre los trabajadores estatales y los independientes, los bajos salarios –tan bajos que dejaron de ser un estímulo al trabajo–, el debilitamiento de los servicios sociales, entre otros factores que indican “… la presencia de un proceso de reestratificación asociado a la diferenciación de los ingresos monetarios individuales y familiares” (Espina, 2003: 9). Similar análisis realiza Viviana Togores en el artículo “Cuba: efectos sociales de la crisis y el ajuste económico de los noventa”, donde abunda en las repercusiones no solo de la crisis, sino de las medidas tomadas por el gobierno para paliarla. Estas investigaciones caracterizan los principales cambios que, en el orden laboral, sufrió la sociedad cubana, esos que sin duda también repercutieron en los periodistas y en su vida cotidiana.

La familia constituye la base de cualquier proyecto social y en Cuba, muchas veces en nombre de la Revolución, se pidió a las personas que renunciaran a intereses individuales, a metas personales, para trabajar en función de un ideal de país. Con la crisis, ese núcleo, esa unión por lazos de sangre, se enfrentó a los retos más diversos y complejos. Así lo atestigua la caracterización sociodemográfica de la familia cubana que hizo el licenciado Ernesto Chávez Negrín. Este investigador sostiene que las familias con más dificultades para enfrentar la crisis fueron las que estaban en peores condiciones antes del derrumbe del campo socialista. Las que vivían en zonas menos desarrolladas, las más numerosas o incompletas, las acogidas a servicios de asistencia social, las encabezadas por mujeres o donde solo el hombre trabajaba, las que tenían adultos mayores o miembros con discapacidades y familias residentes en cuarterías, bohíos o albergues colectivos.

Al esfuerzo por repasar lo que sucedía en interior de la familia cubana se suma un grupo de investigadores del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas. Ellos estudiaron las estrategias para enfrentar la crisis que adoptaron las familias ante la escasez de todo tipo. Indagaron qué dificultades se valoraron como fundamentales para el ejercicio de las funciones familiares:

… las personas entrevistadas coinciden en señalar como más frecuentes e intensas las “dificultades financieras”. Estas se traducen y concretan en los esfuerzos para garantizar la alimentación y en la poca disponibilidad de vivienda. Constituyen los problemas más importantes, aunque se mencionan otros. Valoran que gran parte del presupuesto familiar se destina a la alimentación sin que resulte suficiente y que la solución del problema no depende de los esfuerzos laborales de los miembros adultos de la familia. Vivencian como tensión la satisfacción de esta necesidad primaria en la cotidianeidad y cómo se acrecienta ante la presencia de niños, ancianos y enfermos (Díaz et al., 2001: 120).

En esta investigación se enumeraron estrategias como la venta y oferta de servicios, la ampliación de la jornada laboral, la realización de trabajos diferentes a la profesión estudiada, así como emplearse solo media jornada a fin de tener tiempo para otras actividades, obtener ayuda de familiares en el extranjero, emigrar, optimizar los recursos al consumir artículos más baratos, reparar ropa y zapatos, heredar las mismas prendas de vestir entre familiares y amigos y crear cuentas de ahorro en el banco. Estos autores también observaron otros mecanismos intrafamiliares que no estuvieron orientados a la economía sino a la solución de otras dificultades, como permanecer el menor tiempo posible fuera del hogar para evitar conflictos y no legalizar el divorcio para evitar la división de bienes. Estos estudios nos brindan un marco de lo que sucedía en la Cuba de 1990, sobre lo que los periódicos de la época no hicieron mención. Omar George Carpi confirma en su entrevista que la historia de las personas que así vivieron la crisis no está lo suficientemente representada en la prensa de ese tiempo.

Otros asuntos que se convirtieron en objeto de atención de los investigadores cubanos fueron las migraciones internas que llevaron a nuevas regulaciones del gobierno (Montes, 2004), las formas de movilidad social como el desplazamiento de la propiedad estatal a la no estatal (Espina, 2002) y las condiciones de mayor desventaja social de las zonas rurales (Martín, 2007). En cuanto a lo interno del ámbito académico, se escribió sobre el pensamiento social cubano tras los noventa, en torno a la identidad y a la vida cotidiana (Pérez, 2008) y se generaron reflexiones sobre la comprensión de la desigualdad (Espina, 2008).

Entre 1989 y 1999, se produjeron cambios muy graves para los cubanos, radicales, porque nos afectaron en las zonas más íntimas y privadas de nuestras vidas. Fueron cambios en nuestra cotidianidad, en nuestro modo de vivir, en nuestros patrones conductuales y valorativos. Cambios de ese tipo no son comunes en la vida de ningún pueblo. En ese sentido, la radicalidad de los cambios en este fin de siglo sobrepasa con creces lo que pudo haber significado el año 1898. [7] (Acanda, 2000: 1).

Cambios de ese tipo no son comunes en la vida de ningún pueblo. De tal suerte, se experimentó en Cuba una reconceptualización de la familia, donde el integrante del núcleo familiar que traía el dinero a casa pasó a ser el más importante, sin tener en consideración el origen en ocasiones turbio de esos ingresos. Comenzó a gestarse la desigualdad social y las diferencias entre quienes tenían familiares en el extranjero y los que vivían únicamente de un salario estatal. Desde este contexto de transformación y de redefinición de la vida del cubano, investigamos cómo los periodistas de tres medios impresos interpretaron y tradujeron en sus trabajos esos conflictos de la realidad social, dónde pusieron el foco, en qué enfatizaron y qué asuntos decidieron soslayar. Procuraremos así ejemplificar, a través de las diferentes estructuras del discurso, del nivel macro al micro, las formas de expresión de la ideología hegemónica, que dictaba cuanto se hacía en la prensa cubana.

4. La ideología en los periódicos cubanos de 1993 [8]

Al enfocarnos en los trabajos de temática social, entendemos por tales aquellos que tratan sobre algún asunto relacionado con la sociedad, con problemáticas vinculadas más directamente con la vida cotidiana de la población cubana y no con el gobierno o Estado. En este sentido, encontramos pocos trabajos periodísticos relacionados con lo social, frente a los mucho más abundantes dedicados a la economía y a la política. Esto corrobora la información compartida por uno de los entrevistados en los inicios de este trabajo acerca del abismo entre lo referido en las páginas de la prensa y la realidad social de los cubanos.

En el periódico Granma fue particularmente difícil encontrar trabajos de temática social y, menos aún, de opinión. Como este fue el único de los órganos oficiales del Partido Comunista de Cuba que se mantuvo circulando casi todos los días de la semana, y por tener alcance nacional, prevalecieron en sus páginas las notas informativas nacionales e internacionales, en detrimento de los artículos de opinión o de investigación.

Siguiendo el cuadrado ideológico de Van Dijk, identificamos que el ingroup, grupo cuya ideología se comparte, fue integrado por los cubanos revolucionarios, quienes trabajaban y se sacrificaban por el proyecto de país, los hombres virtuosos y patriotas que estaban dispuestos a defender la Revolución y los principios que ella representaba. Veamos algunos ejemplos de los trabajos analizados:

· “… un pueblo que no vende, ni cambia, ni negocia ni entrega su derecho a ser libre, digno, soberano y respetado” (“Preservar la pureza de nuestra obra”, periódico Granma)

· “El puño firme de los revolucionarios tiene el deber –y sobre todo el derecho– de preservar la pureza y el prestigio de nuestra obra” (“Preservar la pureza de nuestra obra”, periódico Granma)

· “Sufrimos, pero apoyan, luchan, combaten, no se desmoralizan, no se desalientan, se sienten orgullosos de lo que están haciendo” (“Cómo asumir las dificultades del 93”, periódico 5 de Septiembre)

· “… ser revolucionario constituye un acto de confianza, de convicción, de honor, de valor, de heroísmo, de internacionalismo, mucho más alto que el que se requirió nunca antes” (“Cómo asumir las dificultades del 93”, periódico 5 de Septiembre)

· “Dar la mano optimista al deprimido y ayudar a abonar la esperanza, las motivaciones para el paso sucesivo, es un deber social de tanta validez para el hombre como su propia conducta con la creación diaria” (“Esa cortesía que muerde”, periódico Granma)

En estos ejemplos se explicita lo que se esperaba de los cubanos ante las circunstancias de crisis económica. Las actitudes, las posiciones, las actividades que como grupo debían asumir y que debían hacer, además, con orgullo. En el comentario “Algunos cierran los ojos”, publicado en el Granma, aparece una frase entre comillas que, al parecer, puesto que no se hace referencia al autor, es una cita de un discurso de Fidel Castro, quien probablemente haya sido la persona más citada en los periódicos de aquellos años: “… es a los revolucionarios a los que se les pide más sacrificio; es a los revolucionarios a los que se les pide más comprensión”. Ante todo, la condición de revolucionario se presenta como mérito, en un sentido altruista, que debía manifestarse con la disposición de encarar cualquier desafío.

La concepción del ingroup no se limita solo a las personas que viven en Cuba, sino a los que desde otros países apoyan la Revolución. En el trabajo anterior, también se identifica como parte de esa identidad ideológica a quienes viven en una posición de desventaja. Al referirse a las opiniones de extranjeros sobre las garantías de la salud cubana, la periodista explica: “Lo que hace más serio el mensaje reiterado es que proviene de quienes sienten y padecen la angustia sin alternativas del desamparo estatal”. Siguen a este fragmento ejemplos de inseguridad y la anécdota de una boliviana que recibía atención médica en Cuba y que había dicho a la prensa: “Ustedes no saben lo que tienen”. Se trata de establecer alianzas a través de la empatía o del reconocimiento de otros con menos derechos o en apariencia más débiles, más necesitados, como recurso para exaltar las cualidades del ingroup.

Los rasgos del outgroup, grupo cuya ideología se rechaza, también se expresan de manera muy clara en los textos seleccionados. No se admite a quienes no concuerdan con la Revolución o que la dañan de alguna forma. Hay una marcada desaprobación a quienes emigran a Estados Unidos, considerado el enemigo histórico de Cuba, y no se admiten en el interior la indisciplina, la falta de cortesía, la corrupción y el robo:

· “… pude apreciar que los prejuicios son imputables a grupos de jóvenes que, luego de concluidas las actividades nocturnas, se detienen –algunas veces ebrios– en distintos puntos del Prado y violentan las tablas de los bancos u originan reyertas” (“Dos sitios que pierden encanto”, periódico 5 de Septiembre)

· “Jóvenes y niños de distintos sexos y edades abordaban hasta la impertinencia a los turistas pidiéndoles dinero, cigarros o proponiéndoles otros negocios” (“Preservar la pureza de nuestra obra”, periódico Sierra Maestra)

· “El jineterismo y el tráfico de divisas, incluyendo su cambio ilegal por moneda nacional, por lo tanto, no están despenalizados” (“Preservar la pureza de nuestra obra”, periódico Sierra Maestra)

· “Sobre todo si le importa la dignidad humana, porque la decisión lo coloca automáticamente en el bando de los ciudadanos de segunda categoría” (se refiere a los que emigran a Estados Unidos) (“Excretas de segunda”, periódico Granma)

· “El ladrón es, en cualquier sociedad, un ente repudiable por el carácter oportunista, alevoso y delictivo de su actividad” (“Ese enemigo de la sociedad que es el ladrón de bicicleta”, periódico Sierra Maestra)

· “Debemos transformar patrones de conducta en todas partes y a toda hora: desde la mala palabra hasta la desfachatez del gesto o la chabacanería de la acción, porque la indisciplina social deviene caldo de cultivo para la delincuencia” (“Ni contra la flecha ni contra la ley”, periódico 5 de Septiembre)

· “… todavía pienso en que algunos cierran los ojos para no ver la obra generosa ¿Ingratitud gatuna?” (“Algunos cierran los ojos”, periódico Granma)

Llama la atención en los trabajos cómo se coloca reiteradamente a los jóvenes en el punto de mira para lanzar la crítica, la manera en que se desaprueba a los desagradecidos o a quienes ven algún tipo de fallo en los servicios sociales y cómo se incita a la población a actuar contra los robos de bicicletas. El trabajo “Excretas de segunda”, publicado por el Granma, merece mención aparte porque, aunque no se incluye entre los géneros de opinión, representa una línea clave en el posicionamiento ideológico cubano: el rechazo a todo lo relacionado con Estados Unidos. Desde el título se percibe cierto tono de agresión y de denuncia: cuando se compara a los cubanos que emigran con las excretas, son considerados ciudadanos de baja categoría.

La polarización entre el ingroup y el outgroup puede apreciarse en este ejemplo del comentario “Preservar la pureza de nuestra obra: quienes practican esas bochornosas escenas están dañando, con su deshonor, el honor que les sobra a los revolucionarios cubanos para resistir las actuales dificultades y vencerlas, sin cambiar jamás por migajas los principios”. Hay una diferenciación, y pudiera afirmarse que hasta cierto enfrentamiento, entre unos y otros. Por oposición, unos no están a la altura de los otros; puesto que no comparten principios ni valores no pueden siquiera igualarse en la escala social.

Los temas o macroestructuras semánticas del discurso aportan información sobre las prioridades editoriales de estos medios de prensa y nos ofrecen otra perspectiva de la postura ideológica respecto a la selección de las temáticas. A los nueve trabajos analizados corresponden estas proposiciones globales:

1. Los cubanos que emigran a Estados Unidos se consideran ciudadanos de baja categoría. (“Excretas de segunda”)

2. El ladrón de bicicletas merece el repudio y el enfrentamiento de la sociedad cubana. (“Ese enemigo de la sociedad que es el ladrón de bicicleta”)

3. Urge encarar las manifestaciones de indisciplina. (“Ni contra la flecha ni contra la ley”)

4. Pese a las dificultades, muchos admiran y desean las garantías de la vida en Cuba, mientras los cubanos no siempre las valoran. (“Algunos cierran los ojos”)

5. El asedio al turismo constituye un bochorno que los revolucionarios no deben permitir. (“Preservar la pureza de nuestra obra”)

6. Organismos con posibilidades deben detener y reparar el deterioro del parque infantil que tanto significa para los niños santiagueros. (“Parque de Diversiones 26 de Julio. S.O.S.”)

7. La falta de cortesía afecta las relaciones interpersonales de los cubanos. (“Esa cortesía que muerde”)

8. La destrucción del Prado y el Parque Martí por jóvenes debe detenerse. (“Dos sitios que pierden encantos”)

9. En tiempos difíciles, es preciso mantener la Revolución y salir adelante. (“Cómo asumir las dificultades del 93”)

Muchos de estos trabajos, aunque contengan cifras que sustenten la tesis del autor, se quedan en la denuncia del problema, sin profundizar ni investigar cada asunto. Algunos representan prácticamente casos únicos por la temática tratada; es decir, no abundaron los trabajos que se dedicaran al asedio al turismo y a la despenalización del dólar como sucede en “Preservar la pureza de nuestra obra”; tampoco los relacionados con la problemática, muy grave en esos años, de la emigración de cubanos a Estados Unidos, pese a que se publicó un caso aislado como el que narra “Excretas de segunda”.

Ninguno de estos trabajos ocupó la primera plana, todos se ubicaron entre las páginas dos y la seis en los respectivos medios de prensa. La mayoría no estuvo acompañada por foto, ni gráfico alguno, y se imprimió en tinta negra. Los comentarios publicados en el Sierra Maestra tuvieron la particularidad de contener la foto del autor, lo que pudiera interpretarse como un aporte a la credibilidad y un reconocimiento a la autoría. Algunos se publicaron como parte de segmentos habituales de opinión; tal es el caso de “Cómo asumir las dificultades del 93” en la sección “Diálogos” del semanario 5 de Septiembre o “Preservar la pureza de nuestra obra”, en el segmento “Sin punto final”, del semanario Sierra Maestra.

Siguiendo con el análisis de las estructuras superficiales del discurso, en el nivel sintáctico se localizaron oraciones exclamativas e interrogativas con la función de atraer la atención o de abrir un debate sobre una situación problémica. En el trabajo “Dos sitios pierden encantos”, el periodista emplea la exclamación como una alerta y denuncia: “¡No permitiremos que destruyan las obras e instalaciones de beneficio social!” Otro ejemplo lo hallamos en “¡Cómo asumir las dificultades del 93!”: “El reto es asumir las tareas con energía: la zafra, el programa alimentario, las labores de prioridad, el ahorro, las elecciones, la defensa, ¡todo!, con consagración”. En este fragmento parece como si se pusiera en pie de guerra a una tropa o se dictara una orden, donde el clímax del mensaje se concentra en el ¡todo! La exigencia es cumplir con todas las tareas.

Las oraciones interrogativas se emplearon para provocar la reflexión o la polémica. En el primer caso, se ubica un fragmento de “Algunos cierran los ojos”: “¿Y acaso esos hombres y mujeres ignoran qué es vivir con penurias, carentes de productos básicos?” Este es un recurso para resaltar que los cubanos no eran los únicos que enfrentaban limitaciones. El comentario “Parque de Diversiones 26 de Julio. S.O.S.” presenta un enfoque más crítico: “¿Por qué no se dio al Parque de Diversiones la reparación que necesitaba a los cinco años de explotación? ¿Es necesario afrontar un deterioro total en medio de las limitaciones actuales?” En la búsqueda de responsables y en el hecho de la denuncia en sí, la periodista plantea preguntas para las que no tiene respuestas o, al menos, estas no quedan plasmadas en su texto.

Fue frecuente el empleo de las oraciones compuestas coordinadas adversativas como estrategia para mitigar las acciones o deficiencias relacionadas con el ingroup. “Pero no depende la victoria de lo que hayamos realizado hasta aquí, sino de lo que seamos capaces de resistir de aquí en adelante”; este ejemplo de “Cómo asumir las dificultades del 93” pone énfasis en la urgencia del momento y en la postura que se espera de los miembros del ingroup. En un fragmento de “Algunos cierran los ojos”, se reconocen determinadas fallas, sin profundizar en las mismas, para luego enaltecer la obra de la Revolución y a sus seguidores: “… en la primera fila realizando las tareas más complejas, no exenta de negligencias y errores que todavía arrastramos, pero empeñada también en el mejoramiento humano y el incremento de los bienes materiales”. Las negligencias y los errores quedan en un plano tan general que tal parece que se está tratando de algo de poca importancia, porque en el contexto textual en que se aluden predomina la versión positiva del grupo y sus actividades.

El empleo de las oraciones condicionales se hace en ocasiones en función de mitigar las carencias del momento y de exaltar una solución transitoria, proveniente del gobierno. Esto lo confirma un fragmento de “Ese enemigo de la sociedad que es el ladrón de bicicleta”: “Si al número limitado de ómnibus disponibles por falta de neumáticos, combustibles, baterías y piezas de repuesto que antes provenían de Europa del Este, le sumamos las personas que actualmente andan en bicicleta, la situación del transporte urbano sería obviamente mucho más difícil”. En este caso, el mensaje no está totalmente claro, porque la enumeración de piezas es un poco larga y se pierde el sentido de la oración, como si las personas que van en bicicleta también complicaran la situación del transporte en las ciudades.

La ideología se manifiesta, además, a través de las estructuras retóricas. Recursos persuasivos como la hipérbole evidencian la intención del autor. En los siguientes dos ejemplos de hipérbole se glorifica al ingroup, al elevarlo a los niveles más altos de triunfo: “Tenemos –y con orgullo lo proclamamos– la mejor juventud y la mejor niñez de país alguno en el mundo” (“Preservar la pureza de nuestra obra”) y “… ser revolucionario constituye un acto de confianza, de convicción, de honor, de valor, de heroísmo, de internacionalismo, mucho más alto que el que se requirió nunca antes” (“Cómo asumir las dificultades del 93”). Estos dos fragmentos recrean una imagen de triunfo nacional, donde se representa lo propio como lo supremo.

Se utiliza el recurso de la historia para validar las exigencias del presente; el pasado tiene el rol de fundamentar las decisiones de hoy y esto sirve de refuerzo para el argumento que esgrime el periodista en “Preservar la pureza de nuestra obra”, cuando denuncia el asedio al turismo: “Esa degradación moral ofende la dignidad, el patriotismo, el orgullo y la honestidad ganados en el pasado y en el presente, y que con celo sabremos preservar para el futuro”. A formar este paradigma de nación contribuye el móvil de compasión, recurso empleado para colocar bajo el foco a los miembros más débiles de la sociedad: “… el ladrón de bicicletas atenta contra un bien personal y contra los esfuerzos que realiza el país para enfrentar la carencia de transporte en estos momentos difíciles del periodo especial, dotando de bicicletas a los que más las necesitan”. Esta oración extraída de “Ese enemigo de la sociedad que es el ladrón de bicicleta” resalta los valores del gobierno cubano al proteger y priorizar a los miembros más necesitados de lo que considera su ingroup.

En cuanto a las estructuras léxicas, notemos que el hecho de nombrar una etapa de crisis “Periodo Especial” responde a intenciones de mitigación, iniciativa que, si bien no debe haber surgido de los periodistas, ellos fueron quienes se encargaron de repetirla y afianzarla en la cotidianidad del cubano. Incluso, podemos afirmar que en toda la muestra no se localizó el vocablo crisis. En su lugar, los periodistas emplearon las palabrasdificultades, circunstancias como estas, momentos más difíciles, entre otros sinónimos que les permitieron evadir cualquier término que aludiera de manera más directa a la recesión económica.

De modo general, podemos decir que, aunque no se hicieron referencias directas a la crisis, se identificaron síntomas que aludían a esta. Que la mirada haya sido parcializada y más enfocada en la autodefensa y en el triunfalismo no significa que no se hayan abordado determinados asuntos de trascendencia en el contexto de aquellos años.

Conclusiones

De los tres periódicos, por tener carácter nacional y frecuencia de circulación diaria, el Granma mantuvo un perfil más informativo y menos reflexivo; en tanto el 5 de Septiembre y el Sierra Maestra, al publicarse una vez por semana y circular solo en sus respectivas provincias, trataron una mayor variedad de temáticas sociales y emplearon con más frecuencia los géneros de opinión. De estos dos últimos, el Sierra Maestra fue el más atrevido en el diseño, en el empleo de colores y en el tratamiento dado a las problemáticas sociales; los textos abordaron asuntos significativos para la época como el robo de bicicletas y el asedio al turismo, una de las vías para obtener dinero y artículos de primera necesidad.

Sí hubo crítica social, pero la mayoría de los trabajos de este corte se quedó en la denuncia. Se ofrecieron algunas cifras, como sustento a la opinión del periodista, pero no se investigó o se profundizó más allá del planteamiento del problema. Las temáticas estuvieron centradas en la indisciplina, en el robo y en la corrupción, pero casi no se abordó el enorme flujo migratorio a Estados Unidos y, si se hizo, fue desde una postura de rechazo y, en algunos casos, con muestras de odio. Tampoco se profundizó en el impacto y las consecuencias de la despenalización de la tenencia de divisas en 1993, razón por la que varios cubanos tuvieron que cumplir una condena en prisión.

Los tres medios de prensa defendieron la Revolución como el bien mayor de la nación. Establecieron un ingroup, integrado por los cubanos leales al gobierno y dispuestos a cualquier tipo de sacrificio para mantenerlo. Con este propósito se emplearon oraciones coordinadas adversativas que mitigaban las faltas del grupo cuya ideología se defendía y recursos retóricos que exaltaron sus acciones y actividades positivas hasta ofrecer una imagen de triunfo y de gloria nacional.

Como parte del outgroup, se incluyó a aquellos cubanos que no simpatizaban con el gobierno o que incurrían en el robo, la indisciplina social y la corrupción. Sin embargo, los más rechazados fueron los que intentaban o lograban emigrar a Estados Unidos, país identificado como el enemigo histórico de la Revolución. En la caracterización del outgroup, se localizaron expresiones de desaprobación y categorizaciones arbitrarias e hirientes como “excretas”.

Salvando las distancias entre un artículo académico y un trabajo periodístico, son notorias las diferencias entre los problemas que registran las investigaciones sociológicas en la sociedad cubana y los que se identifican en los periódicos cubanos. Los periodistas no observaron los cambios en el interior de las familias, núcleos y sedimentos de cualquier sociedad. Su mirada solo develó una parte de las problemáticas, cuidándose de no enjuiciar la Revolución, ni su obra, de no criticar abiertamente al gobierno y señalando culpables en determinados sectores de la población o colocando la responsabilidad de la desdicha en tierra de nadie. La sola mención del sintagma Periodo Especial aún cala en la memoria colectiva como una herida que no llega a cerrar, como el presagio de lo peor y con trascendencia hasta nuestros días, cuando en este 2019 una nueva crisis acecha y el gobierno cubano la ha nombrado “Coyuntura”. Sería demasiado doloroso repetir el mismo nombre para el mismo mal, aunque la esencia evasiva continúe.

Referencias

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Anexos

Figura 1. Félix Pita, “Excretas de segunda”, Granma, 13 de octubre de 1993.

Figura 2 . Oria de la Cruz, “Algunos cierran los ojos”, Granma, 17 de agosto de 1993.

Figura 3. Rafael Carela, “Ese enemigo de la sociedad que es el ladrón de bicicleta”, Sierra Maestra, 19 de junio de 1993.

Figura 4. Andrés García, “Cómo asumir las dificultades del 93”, 5 de Septiembre, 28 de enero de 1993.



[1] Universidad de Guadalajara, México. Correo electrónico: lauraroquevalero@gmail.com

Fecha de recepción: 24/06/2019. Aceptado: 17/12/2019

[2] Este artículo se base en una ponencia presentada en el IV Congreso Instituciones, Gobierno y Sociedad, organizado por El Colegio de Sonora, 28 y 29 de marzo de 2019.

[3] Entrevista realizada a Ramón Barreras Ferrán, corresponsal nacional del periódico Granma en la provincia Cienfuegos durante el periodo estudiado. Fecha de entrevista: 7 de junio de 2017.

[4] Entrevista realizada a Héctor Castillo Toledo, reportero de temas económicos en el semanario 5 de Septiembre de Cienfuegos, durante el periodo estudiado. Fecha de entrevista: 6 de junio de 2017.

[5] El periódico 5 de Septiembre ha sido objeto de investigación en dos ocasiones anteriores, que representan las únicas veces en que se han utilizado las colecciones del Periodo Especial: Laura Roque, Tratamiento a temas económicos en la prensa escrita cienfueguera de 1993: un análisis ideológico del discurso en tiempos de crisis (tesis de pregrado, Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas, 2011) y Laura Roque, El discurso ideológico del periódico 5 de Septiembre en un contexto de crisis: 1993 (tesis de maestría, Universidad Carlos Rafael Rodríguez, de Cienfuegos, 2014).

[6] Omar George fue miembro de la Dirección Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba en el periodo estudiado. Entrevista realizada el 7 de junio de 2017.

[7] El autor se refiere a la guerra hispano-cubano-norteamericana, cuyo desenlace llevó a que Cuba pasara de las manos de España a las de Estados Unidos.

[8] Véase en el anexo algunas imágenes de los textos que conforman la muestra.

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