ISSN2448-4954

No. 11, Año 6

Agosto-Diciembre 2019

https://doi.org/10.25009/blj.v0i11.2591

 

El ingeniero Miguel Ángel Matus Bandala y la casa de Juárez 126

Víctor Manuel Vargas Fernández[1]

José Arturo Vargas Fernández[2]

 

 

Los inicios

El ingeniero Matus, como cariñosamente era conocido, nació en la ciudad de Jalacingo, Veracruz, el 24 de febrero de 1884, hijo del matrimonio de los señores Manuel Matus Perdomo y Manuela Bandala de Matus. Fue traído a la ciudad de Xalapa a la edad de 22 meses; para ser exactos, en diciembre de 1886. Fue una persona que contribuyó esmeradamente al desarrollo de nuestra ciudad capital con diversos proyectos.

 

 

Foto 1. Miguel Ángel Matus Bandala. Fotógrafo desconocido. Colección de la familia Vargas Fernández.

 

En sus primeros años laborales, trabajó en la Jalapa Rail Road & Power Company como office boy del departamento de contabilidad, durante diez meses; luego fue encargado de archivo y, posteriormente, su sueño dorado: formó parte del departamento eléctrico. A los 18 años fue encargado de contratos e instalaciones eléctricas, así como encargado interino de la casa de máquinas en la planta hidroeléctrica de Texolo: un puesto bastante importante y más para una persona de su edad. Esto fue bajo el mando del superintendente y posterior gerente general de la Jalapa Rail Road & Power Company, quien fuera a la postre su gran amigo, el ingeniero William Kenneth Boone.

 

 

 

Foto 2.  William K. Boone y Miguel Ángel Matus en el Cerro de Macuiltepec, Xalapa, 1922. Fotógrafo desconocido. Colección Boone-Canovas.[3]

 

 

Logros laborales

 

A la edad de 21 años, Matus fue inspector de telégrafos del ferrocarril interoceánico. A los 25, fue electricista en jefe de la terminal de Ferrocarriles Nacionales en el Distrito Federal. A los 29 años, regresó a la Jalapa Rail Road & Power Company, ahora como superintendente del departamento eléctrico. Fue llamado en dos ocasiones por el superintendente general de telégrafos de Ferrocarriles Nacionales, quien le ofreció el puesto de electricista en jefe general en todo el sistema, es decir, de frontera a frontera; pero el amor por esta linda tierra lo hizo declinar. Cuando se retiró de la planta hidroeléctrica, no habiendo otras oportunidades en su especialidad, se vio obligado a trabajar en el ramo topográfico y en la construcción civil.[4]

 

En el deporte

 

El ingeniero Matus y su hermano Manuel, siendo los primeros beisbolistas en Xalapa, acondicionaron en 1918 el Parque Deportivo Colón, a través de la Empresa Deportiva Matus Hermanos­-Parque Deportivo Colón. En este parque, además de béisbol, se jugaba futbol, tenis y croquet ‒deporte en el que mi bisabuela Agripina fue campeona en dos ocasiones‒, conservando también la primera raqueta de tenis que hubo en Xalapa, que perteneció al señor León Frisbie, hijo del general norteamericano Juan [John] Frisbie, vicepresidente de la Jalapa Rail Road & Power Company.

 

Los automóviles en Xalapa

 

En 1921, a raíz del terremoto, la Junta de Mejoras, de la cual el ingeniero Matus era integrante, intentaba reparar la calle Bolívar (hoy Úrsulo Galván); pero, debido a que, por añadidura, el país se encontraba en medio de la revolución, no había fondos para destinarlos a mejoras como pavimentación de concreto o asfalto, por lo que se propuso la reconstrucción de piedra calzada bombeada, es decir, suprimiendo el arroyo central y los caños transversales, dejando cunetas laterales.

A la gente que le preguntó sobre el objeto de tal modificación, él respondió que se debía a la próxima llegada de los automóviles a la ciudad. Ante tal respuesta, después de un largo silencio, alguien dijo: “No sabíamos que era usted un soñador”. Se le llamó soñador por pensar que, siendo tan accidentada la geografía de nuestra ciudad, llegarían a transitar autos por ella. A esto él respondió con la anécdota del primer vehículo que pisó Xalapa, dando datos técnicos. (Si estas personas incrédulas vieran el tráfico intenso que tenemos ahora, seguramente le pedirían disculpas varias veces.)

Después de ese evento, el ingeniero Boone compró un automóvil Overland para ser rifado, y las ganancias obtenidas fueron destinadas a la reparación de calzadas, por lo que mi bisabuelo compró 150 boletos. Quien resultó premiado fue un peluquero que solo compró uno, motivo por el cual Matus y don Guillermo Lecuona acordaron encargar a la distribuidora Westinghouse Veracruz dos autos Overland, modelo 1922, mismos que llegaron en una plataforma de ferrocarril. Como dato curioso, la licencia de conducir del ingeniero Matus fue la segunda expedida en Xalapa.

 

Foto 3. Licencia de conducir del ingeniero Matus. Colección de la familia Vargas Fernández.

 

Inventos

 

Matus fue el encargado de realizar el proyecto original de lo que ahora conocemos como el Viaducto, que es totalmente distinto a lo que en efecto se construyó, ya que él lo había diseñado con locales comerciales en su interior, un proyecto tipo ‘pasaje’. En años posteriores, fue quien se encargó de reparar los transformadores de la recién creada Comisión Federal de Electricidad durante varios años; además, fue creador de algunos inventos. A los 19 años creó un interruptor electromagnético para proteger los motores eléctricos; a los 25, un limitador y registrador de velocidad para tranvías eléctricos, que se pudo aplicar para trenes de cualquier medio de tracción. Posteriormente diseñó una mesa de dibujo ‒que tenía en su despacho‒ totalmente diferente a las ya existentes, en las que estaba previsto todo lo que pudiera desearse. También inventó una alarma que se instalaba dentro de los ataúdes, con la finalidad de que, si por razón de catalepsia una persona era enterrada viva, la hiciera sonar, y de manera inmediata recibiría respuesta y ayuda de la administración del cementerio. Esto por mencionar solo algunos de los frutos de su fértil imaginación.

 

Los inicios de la casa de Juárez

 

Siendo ingeniero electricista graduado de la American School of Correspondence de Boston, Massachusetts, y sin tener realmente conocimientos de arquitectura, el ingeniero Matus se abocó a diseñar la casa de sus sueños. Vivía en ese entonces en la calle de Nicolás Bravo, junto al Hospital Civil y, haciendo un enorme esfuerzo económico, el 22 de junio de 1921 compró como terreno, con una extensión de 737 m², la propiedad marcada con el número 78, y anterior número 2, de la sexta calle de Juárez, que anteriormente se llamaba El Chorro Poblano. Ahí se encontraban las ruinas de una casa que se había caído con el terremoto del 3 de enero de 1920, en ese entonces propiedad de don Benito F. Medina. Esa casa le había pertenecido anteriormente a doña Rosa Alba viuda de Cervantes, quien a su vez la adquirió de la señorita Leonides Patiño, siendo esta dueña de la mitad y habiendo heredado de su difunta hermana Carolina la mitad restante en el año de 1906. 

Para febrero de 1921 se dio inicio a la construcción, la cual casi concluyó (98 a 99%) en agosto de 1925, fecha en la que comenzó a habitarla junto con mi bisabuela Agripina Galván Kerber (con quien se había casado el 8 de abril de 1910) y con sus ocho hijos: Rigoberto, Dinah María, Lidia, Miguel Ángel, Delia, Carlos, Yonné, Luz María y Yolanda del Carmen.

Foto 4. Boda de Miguel Ángel Matus Bandala y Agripina Galván Kerber. Fotógrafo desconocido. Colección de la familia Vargas Fernández.

 

El diseño

 

Esta casa fue la obra magna del ingeniero Matus: un hermoso chalet estilo holandés, totalmente diseñado por él, constando de sótano, pórtico, estudio, sala, comedor, antecomedor, baño completo, cocina, cuarto de lavado y baño de servidumbre, en la planta baja. En la planta alta, cuatro recámaras, cuarto de lectura, terraza y dos baños completos, de los cuales uno tenía tina y bidet. Arriba había una buhardilla y una techumbre de siete aguas, totalmente hecha de madera, recubierta con lámina de zinc y fibra de vidrio y, además, forrada con telas verdes traídas para ese fin desde Estados Unidos, mismas que al tiempo tuvieron que ser retiradas, ya que no hubo un pegamento que las mantuviera adheridas y era común que se desprendieran. También le instaló un pararrayos diseñado por él, consciente del clima de Xalapa y del riesgo al estar forrado de lámina el techo.

Los pisos, entrepisos y techos de casi toda la casa, a excepción del piso de la cocina, cuarto de lavado y baños, fueron elaborados con duelas, las que numeró con la finalidad de darles mantenimiento y, venido el caso, remplazarlas en el tiempo que él tenía calculado de vida útil; obviamente, esto dependía del uso para el que fueron destinadas.

Contaba también con un sistema que, podríamos decir, fue el antecesor del interfón. Se trataba de unas cajas de baquelita negra instaladas en la cocina, la sala, al pie de la escalera principal y en la planta alta, que funcionaban de una manera simple: cada habitación tenía un timbre y un número asignado y, si se requería algo, se tocaba el timbre y en las cajas aparecía el número correspondiente al que tenía que acudir la servidumbre.

En la parte posterior, se construyó un patio cubierto de piedra volcánica, una cochera y su taller; en lo que llamábamos la lomita, le construyó a mi bisabuela un tendedero horizontal a base de poleas, de tal forma que, al poner a secar la ropa, se hiciera en un lugar totalmente discreto. Las escaleras de la buhardilla y del sótano las diseñó a base de cubos, de tal modo que nunca un pie iba a estar al mismo nivel que el otro.

En los años ochenta, la propiedad sufrió un recorte de 3.5 metros en todo el frente, cuando el H. Ayuntamiento amplió y adoquinó la calle de Juárez: obra que ocasionó que el hermoso jardín, que durante 60 años se había conservado, quedara dañado; ya no pudimos devolverle su belleza. Es importante señalar que la casa, al sufrir la remodelación, fue modificada totalmente, respecto de cómo era originalmente; solo se conservó la parte externa.

 

La herencia

 

Al paso de los años y al fallecimiento de mis bisabuelos (27 de diciembre de 1977 él, y el 2 de abril de 1978 ella), la propiedad fue heredada por las hermanas Yolanda, Delia y nuestra abuela Dinah, mamá de Yonné Gabriela Fernández Matus, nuestra madre. Estas últimas y nosotros habitábamos la casa, ya que, al formar familia, mis tías se mudaron. El 13 de marzo de 1985, falleció mi madre y nos quedamos únicamente Dinah y sus cinco nietos, por lo que, a partir del 27 de diciembre de 1998, fecha en que falleció ella, a la edad de 83 años, únicamente estábamos los hermanos Vargas Fernández, por lo que en algunas ocasiones ha habido la confusión de si era la casa Vargas o nosotros, los hermanos Matus.

Existen unas fotografías de la casa de Dolores Ochoa que deben haberse tomado aproximadamente en 1983.[5] Ahí se ve el forro de los muebles de la sala todavía gastado; incluso en unas partes se ve roto. Precisamente para octubre-noviembre de 1983, estos se mandan a forrar, se mandan a revestir con una tela similar a la que tenían; pero, al final de cuentas, hasta los últimos tiempos esa sala estuvo en la casa. Todavía la conservamos y hasta la fecha ostenta un color muy brillante, en comparación con el que mostraba en las fotos que Dolores Ochoa tomó, porque ya tenía para ese entonces 80 años. Esa sala la adquirió el ingeniero Matus de la familia Gorospe, y es que había una relación de familia. Resulta a la postre la abuela, o más bien suegra, de una de mis tías abuelas; es decir [la señora Gorospe] llegó a ser consuegra de mi bisabuela y esos muebles llegaron por herencia precisamente a la hija del ingeniero Matus. Él es quien adquiere de la hija esos muebles para la casa, que son unos muebles Luis XV, tanto el comedor, como la sala.

Foto 5. Muebles de la casa, c. 1983. Fotografía de Dolores Ochoa Arrazola.

 

En 1999 se tomó la decisión de vender la casa ante la multiplicidad de herederos y la imposibilidad de la rehabilitación de la misma, al no contar ni mis tías ni nosotros con recursos para poder devolverle su majestuosidad. El señor Jorge Saldaña fue quien hizo una oferta, ya que conocía muy bien la casa desde que tenía aproximadamente 10 años de edad, dado que su papá le solicitó a mi bisabuelo le diseñara un chalet para su rancho en Banderilla, en el que por cierto vivió el señor Saldaña hasta su muerte. Debido a esto, los señores Saldaña visitaban frecuentemente la casa para ver los avances del proyecto y, a palabras expresas del periodista, desde entonces se enamoró de esta propiedad, al conocerla en sus mejores épocas; finalmente la adquirió el 31 de agosto de 2001.

Cabe mencionar que los datos que les compartimos los conocemos mayormente por la propia voz de mi abuelita Dinah, y apoyados en algunos documentos, por lo que no descartamos la existencia de diferentes opiniones. Así, esta es la historia del chalet de los Matus.

 

Foto 6. Herederos de la Casa Matus, c. 1983. Fotomontaje de Dolores Ochoa Arrazola, 2020.



[1] Contador, México. Correo: var_vic@hotmail.com

[2] Doctor en Derecho especializado en materia electoral, México. Correo: j_arturo_vergas@hotmail.com. Ambos autores son bisnietos por parte materna del ingeniero Miguel Ángel Matus Bandala, constructor de la Casa Matus. Ponencia presentada el 23 de marzo de 2018, en el marco de los festejos del noveno aniversario del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación, UV.

[3] Agradecemos a Carmen Boone el préstamo de esta imagen, así como sus comentarios sobre la historia aquí contada [N. de la E.].

[4] La Jalapa Rail Road & Power Company fue expropiada por el gobierno estatal durante la administración del general Heriberto Jara Corona (1924-1927) [N. de la E.].

[5] Se refiere a la serie de fotos que acompaña ‒algunas‒ el presente dossier. [N. de la E.]

 

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Balajú. Revista de Cultura y Comunicación de la Universidad Veracruzana. Año 6, número 11, agosto-diciembre de 2019

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