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Guadalajara celebra la 32ª edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG)

Daniel Castillo Del Razo1

En un gran despliegue de producción y colaboración humana, la capital del estado de Jalisco albergó la 32ª edición del consolidado y reconocido Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), que se llevó a cabo del 10 al 17 de marzo de 2017 y que tuvo como invitado de honor a Alemania. El centro de la ciudad fue el área perfecta para que cientos de turistas y residentes disfrutaran de la programación y actividades que formaron parte de la gran fiesta del cine, pues en un intento por regresar el festival al corazón de Guadalajara (como se hizo desde la edición pasada, al mudar los lugares de exhibición y sedes al primer cuadro de la ciudad), espacios tradicionales para la difusión y gestión cultural local como la Rambla Cataluña, el MUSA2, el Cineforo Universidad, LARVA3 y otros de más reciente establecimiento como el Cinemex Sania4, fueron los que determinaron la ruta diaria a seguir durante el festival.

La selección oficial de filmes, protagonista del evento, se vio compuesta por una muestra amplia de narrativas valientes y diversas que buscaron exhibir, cada una desde un muy particular punto de vista, historias de hombres y mujeres del México actual, de ese que se nutre de las problemáticas contemporáneas y que se construye precisamente mediante expresiones de registro y memoria audiovisual como el cine. Valientísima fue, por ejemplo, La libertad del diablo, de Everardo González, un largometraje documental que confronta a víctimas y victimarios del crimen organizado en México. El estupor que causó en las funciones completamente agotadas de su exhibición fue incomparable, pues la realidad retratada por González y merecedora del premio Mezcal a Mejor película mexicana, premio a Mejor documental y Mejor cinefotografía, logró seducir al público y puso de nueva cuenta sobre la mesa el tema de la inseguridad y la violencia extrema que se vive (de manera aislada y en ocasiones más pública) en muchos rincones de nuestro país.

Dentro de la selección oficial también figuraron historias de ficción que lograron una empatía con el auditorio a niveles significativos. Ayúdame a pasar la noche, ópera prima de José Ramón Chávez Delgado que expone la situación de una familia disfuncional mexicana combinando hábilmente el drama y la comedia, obtuvo el Premio del público. Destacable también resultó Bruma, de Max Zunino, que nos presenta a Martina (interpretada por la versátil actriz Sofía Espinosa), una entrañable joven que parte de México a Berlín en busca de su propia identidad. Además de ser parte de la selección oficial, Bruma fue también de los filmes candidatos al Premio Maguey, que en este año y por sexta ocasión premió lo mejor de la cinematografía queer y lgbttti de México y del mundo. Taekwondo (de Marco Berger y Martín Farina), Corpo Elétrico (del brasileño Marcelo Caetano), el laureado Santa y Andrés (de Carlos Lechuga) y Los años azules (ópera prima de la joven Sofía Gómez Córdova y filmada en Guadalajara), resultaron títulos destacados dentro de esta categoría que, acompañada de distintas actividades y eventos durante los días del festival, logró exponer ese otro cine que también emociona, conmueve y encamina hacia una sociedad más inclusiva.

Además de proyectar filmes, una celebración de la magnitud del ficg debe de fungir también como un espacio disponible para visibilizar la voz de aquellos que mediante el discurso cinematográfico exigen que ciertas problemáticas sociales sean escuchadas. Así, valerosamente alzó la voz la directora hondureña Katia Lara Pineda a través de Berta Vive, cortometraje documental que fue reconocido con una mención especial. Lara ahonda en el brutal asesinato de la activista y ambientalista hondureña Berta Cáceres (acaecido en marzo de 2016) y mediante una narrativa visual muy bien realizada, trágica, nostálgica y que contagia de impotencia, denuncia el misterio que rodeó el atentado y deja entrever ciertas responsabilidades en el caso. Audaces resultaron también las declaraciones que la actriz mexicana Ofelia Medina y el actor norteamericano Willem Dafoe dieron en el marco del programa de diálogo y encuentro cinematográfico Talents Guadalajara, ambos en contra de las políticas migratorias que el renovado gobierno de Estados Unidos ha planteado recientemente en contra de México.

Aunque en un festival de cine los reflectores suelen estar puestos en las directoras y directores de cine y en el talento que protagoniza sus filmes, también puede haber lugar para que personas dedicadas a la investigación del cine puedan ser protagonistas de espacios importantes orientados al diálogo y al estudio de lo que hay detrás de las cámaras. Presentaciones de libros como el Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2016 y Miradas al cine mexicano (coordinado por el notable Aurelio de los Reyes) fungieron como puntos de convergencia en los que se abordaron diversas visiones de lo que hoy en día es el cine mexicano como industria y como producto cultural que devela los intereses, aspiraciones e inquietudes de la sociedad.

Finalmente, en el acto de clausura de la gran fiesta tapatía del cine, enmarcada en el deslumbrante Teatro Diana, el director general del FICG, Iván Trujillo Bolio, externó su agradecimiento a todos los realizadores y público que hicieron posible que el festival de cine más longevo de México cumpliera un año más de vida. Asimismo, se dio la bienvenida a Cataluña para que en la próxima edición del evento sea el país invitado de honor; la gala concluyó precisamente con la desafortunada presentación de Sabates Grosses, del director catalán Ventura Pons, cuyo peculiar tono humorístico no logró encantar a la totalidad del público presente, que poco a poco fue vaciando el teatro. Así se despidió el festival, así terminó la fiesta. Guadalajara, una de las ciudades más bellas y emblemáticas del país supo de nueva cuenta ser la orgullosa anfitriona de una celebración artística sólida, que va más allá de lo que se observa en cada función o actividad paralela al festival: es, además, un punto de encuentro estratégico que motiva al cine mexicano (e internacional) de dos maneras. Por una parte, desde el lado de la industria, del consumo, del motivar a que diversos tipos de público continúen consumiendo cine y por otro lado, sirve como una gran pantalla exponencial de historias y diálogos útiles para saber en dónde nos encontramos, cuáles son las problemáticas que nos abruman hoy en día y para poder identificar cuáles son los valores estéticos, artísticos y morales que están marcando a esta generación, al presente. En conclusión, es posible asegurar que el FICG fue una magna fiesta con múltiples propósitos que se llevó a cabo con notable éxito y que, debo confesar, espero con ansias en su próxima edición.


1 Estudiante de la Maestría en Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana. danielcastillodelrazo@gmail.com

2 Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara, que se encuentra en el edificio de rectoría donde también se aloja el Paraninfo de la UdeG. En uno de sus costados está la Rambla Cataluña y enfrente, en el sótano del Edificio Administrativo de la Universidad, está el Cineforo (Nota de la editora).

3 Laboratorio de Arte Variedades, espacio para las artes que tiene su asiento en el viejo cine de ese nombre, en el centro de la ciudad de Guadalajara. (Nota de la editora)

4 En la zona de la Minerva (Nota de la editora)

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Balajú. Revista de Cultura y Comunicación de la Universidad Veracruzana. Año 7, número 13, julio-diciembre 2020

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